DE LIBROS Y LECTORES. TENDENCIAS RECIENTES EN LOS HÁBITOS DE LECTURA DE LOS MEXICANOS

Act. Teresita E. Ruiz Pantoja

Mtra. En Demografía, CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

 

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LEER es una ventana que permite la percepción de muchas realidades, crea oportunidades de cambio y transforma sociedades. Se lee por gusto, por entretenimiento, por adquisición de conocimiento, por acceso a la información, por mantenerse al día o por ciertas obligaciones. La lectura, fortalece la imaginación, la ortografía, enriquece el vocabulario, relaja, ejercita la mente y refuerza las conexiones neuronales. No obstante, “en nuestro país la práctica de la lectura presenta niveles muy bajos. Se ha documentado constantemente que somos uno de los últimos lugares de la OCDE en ese rubro, y que hay un estancamiento de décadas en el promedio de libros que se leen per cápita de manera anual” (L. Fuentes:2015).

 

Con el fin de ofrecer información oportuna acerca de la actividad lectora de la población nacional, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática INEGI diseñó un Módulo de Lectura (MOLEC) que se levanta dentro de los hogares desde 2015 a personas de 18 años y más, con cinco objetivos específicos: i) indagar sobre  las características principales de la lectura de libros, revistas, periódicos, historietas y páginas de Internet, foros o blogs; ii) identificar particularidades de la lectura tales como: preferencia de soporte (impreso o digital), motivo principal por el cual se lee, modo de adquisición de los materiales, tipo de material y lugar de preferencia para leer; iii) conocer generalidades de la lectura en México, tales como: duración de la sesión, velocidad de la lectura y comprensión de la misma, de manera autopercibida; iv) conocer si la población realiza alguna otra actividad mientras lee y si realiza una mayor búsqueda de información derivado de la lectura que realiza; y v) identificar las condiciones favorables para estimular la práctica de la lectura. Su periodicidad fue cuatrimestral en 2015 y 2016; y a partir de 2017, una vez al año en el mes de febrero. El levantamiento se hace en 32 áreas urbanas de 100 mil habitantes o más.

Esta nota solo resume las tendencias recientes sobre los hábitos y las preferencias de la lectura de los materiales contemplados por el MOLEC entre hombres y mujeres, adultos jóvenes, adultos intermedios y adultos maduros, así como por niveles de escolaridad.

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De acuerdo a lo que reporta el INEGI, en términos porcentuales Leen más los hombres que las mujeres, y en mayor proporción los adultos jóvenes de ambos sexos  (18-34 años). A ellos, les gusta leer más el Periódico, así como materiales electrónicos o Historietas. Ellas prefieren más los Libros y las Revistas. La lectura de Libros y materiales electrónicos son más comunes en los de menor edad, pero el Periódico tiene mayor preferencia en los de edades intermedias y maduras (45 años en adelante). Ellos prefieren más las versiones digitales de Libros y Revistas, y ellas consultan más los Periódicos en versión electrónica en relación con los varones.

La variación de 2015 a 2017, revela que el hábito de lectura va teniendo una sensible pérdida de interés. El porcentaje de lectores regulares se contrajo de 73.6 a 65.5 por ciento. Lo que significa que en los últimos dos años, la proporción de adultos que no leen aumentó de un cuarto a un tercio, sin grandes diferencias entre hombres y mujeres.

En lo que se refiere solo a la lectura de Libros, el MOLEC de 2016 reportó que la población adulta de nuestro país lee en promedio 3.8 libros por año. Y léase nuevamente, el PROMEDIO, porque en ese año 43.2% de los entrevistados declararon no leer Libros. Así de los que leen, los hombres declaran un promedio de 4.3 libros por año, y 3.6 las mujeres. Cabe decir que no obstante la baja en el porcentaje de lectores en años recientes, la industria editorial muestra una producción constante en los últimos años. Entre 2011 y 2015 la producción editorial para el mercado abierto se ha mantenido cercana a los cien millones de ejemplares por año (según cifras de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana).

Los materiales más leídos son los Libros, Revistas y Periódicos, dejando muy por detrás a los que prefieren Historietas, tradicionalmente impresos en papel, aunque los materiales digitalizados han cobrado importancia recientemente. Los datos de 2017, señalan que 56.8% de los lectores leían Libros, 46.9% Revistas y 54.4% Periódicos, cifras que representan porcentajes más bajos que en 2015. En tanto que 52.4% informó dedicar tiempo a páginas de internet, foros o blogs, una población casi nueve puntos más que dos años antes.

La gente lee Libros y Revistas básicamente por entretenimiento, en tanto que los Periódicos se revisan más por cultura general. De cada diez lectores de Libros, cuatro lo hacen por la primera razón, poco más de dos por trabajo o estudio, otros dos por cultura general, y uno más por su religión. En lo referente a Revistas, seis de cada diez las revisan por entretenimiento, dos por cultura general y otra más por trabajo o estudio. Mientras que en el caso de los Periódicos, 65% dijo leerlos por cultura general, 32% por entretenimiento y 2.7 por trabajo o estudio.

La mayor actividad lectora, se percibe entre los jóvenes de 18 a 24 años de edad y los adultos entre 35 y 44 años. Los porcentajes de lectores de Libros son más altos entre los de 18 a 24 (especialmente en las mujeres) y en los de 25 a 34 años (particularmente los hombres). Los Periódicos se acostumbran más entre los adultos de 45 años en adelante, con mayor relevancia entre los varones. En el caso de las Revistas, alrededor del 40% de todas las edades las leen, con porcentajes más altos entre las mujeres a partir de los 45 años.

Un rezago inherente a la falta de interés por la lectura, es el grado de comprensión de lo que se lee. El módulo de la Prueba PISA de comprensión aplicada a estudiantes de 15 años en 2015, reveló que solo 0.3% de los jóvenes de esas edades tienen niveles de excelencia, lo que quiere decir que son capaces de entender planamente lo que leen y son aptos para localizar información en textos que no les son familiares ya sea en forma o en contenido, demuestran una comprensión pormenorizada, e infieren qué información es relevante para la tarea. También son capaces de evaluar críticamente dichos textos y construir hipótesis acerca de ellos, utilizando conocimientos especializados y acomodando conceptos que pueden ser contrarios a lo esperado ((Niveles 5 y 6 de la prueba). Mientras que 42% de los estudiantes se encuentran por debajo del Nivel 2 considerado como el nivel de competencia desde el cual los estudiantes comienzan a demostrar las habilidades lectora que les permitirá participar efectivamente y productivamente en la sociedad moderna (https://www.oecd.org/pisa/PISA-2015-Mexico-ESP.pdf)

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La tendencia sobre los formatos digitales y el uso de equipos electrónicos, en el caso de los Libros se percibe en que el porcentaje de usuarios de libros impresos es cercano al 86% en 2015 y 2017, pero la proporción de quienes los prefieren en formato digital casi se duplicó: 5.1 frente a 10.1%. En cuanto a los Periódicos, el porcentaje de personas que los leen en papel cayó de 95 a 91.6%, al tiempo que el formato digital aumentó de 3.6 puntos, ubicándose en  7.5%.

Cabe la posibilidad de que los cambios hacia la tecnología electrónica, en quiénes tienen acceso a ella, obedece a criterios ecológicos sobre la reducción en el uso del papel y las tintas, más no se tiene esa certeza, y solo puede representar una costumbre de moda con las tabletas, iPod, y celulares de nueva generación, que incluyen servicios de alertas informativas de las noticias del mundo.

La preferencia por los libros, responde de manera directa al nivel educativo de los lectores: a mayor escolaridad mayor porcentaje de adultos que los buscan. Los lectores que combinan los Libros con otro material de lectura suman el 70% entre los que cuentan con al menos un grado de instrucción superior, contrastando con 4/10 entre los de educación básica o algo de educación media, y 2/10 sin educación básica terminada.  Los lectores que no incluyen Libros dentro de sus preferencias ascienden a 63% en los que no terminaron la instrucción básica, a 49% entre los que alcanzaron al menos algo de educación media, y solo 24% en los de mayor instrucción.

 


CONSULTAS

“Urge Graue a reforzar hábito de la lectura en México”, en La Jornada en Línea. 16 de marzo de 2017. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/03/16/urge-graue-a-reforzar-habito-de-la-lectura-en-mexico

Mario Luis Fuentes (2015), México social: un país sin libros ni lectores, en Excelsior, 26 de mayo de 2015  http://www.excelsior.com.mx/nacional/2015/05/26/1026048

OCDE, Nota país. Programa para la evaluación internacional de alumnos, PISA 2015. Resultados

 

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¿Estoy viejo para volver a estudiar?

Blog creado por: Magdalena Macías

mail: magdalena.macias@maro.com.mx

 

Voy llegando a mi nueva universidad, desconozco el procedimiento del uso del estacionamiento, por lo que me acerco a un vigilante, le indico que soy de nuevo ingreso y le pregunto dónde puedo dejar mi auto; él muy amable me responde: “Claro profesora, no hay lugares asignados, puede estacionarse en cualquier sección” …no vi la necesidad de precisarle que no era yo una profesora sino una nueva alumna…de 42 años…pero, al fin y al cabo, alumna.

Trabajar 15 años en firmas internacionales y nacionales, me permitió tener claro que los servicios profesionales, por más especializados que sean, requieren ser atendidos cuidando todos los ángulos o puntos de vista y no solo la materia principal de la cual se trate. En estas firmas los profesionales de las diversas áreas aportamos nuestros conocimientos y experiencia para la prestación de un resultado final integral; si bien formar parte de estos equipos durante de 15 años me dio un sólido respaldo al momento de independizarme, dejar una firma multidisciplinaria, me dejó también, de un día para otro, sin esa red de apoyo.

Todo ello me llevó hace poco más de dos años a iniciar una maestría en derecho fiscal; entre más cosas aprendía, más me daba cuenta de todo lo que no sabía y de todos los espacios que como hoyos negros se presentaban ante mí; ahora había muchas más necesidades técnicas que subsanar de las que hasta ese momento conocía.

Fue entonces cuando de manera seria, retomé un sueño abandonado de 10 años atrás, estudiar Derecho.

No, no piensen que un día se prendió un foco en mi mente y me inscribí, la verdad es que en lo primero que pensé fue en los contras: “ir a clases”, “hacer tarea”, “de dónde iba a sacar tiempo, “las cosas que debía sacrificar”, “el dinero que representaba” y todas esas ideas que seguramente pasan por tu cabeza si es que estás o has contemplado volver a la escuela.

Volver a ser alumna de manera formal en una licenciatura ha sido por mucho de las mejores decisiones de mi vida, sin duda lo más difícil ha sido organizar mi tiempo puesto que además de las clases y las toneladas de tarea, el nivel de auto-estudio es muy grande. Compartiendo con algunos de mis compañeros y amigos que estudiamos una segunda carrera, ahora que estamos “pasaditos de los 35”, concluimos que sin el apoyo de la familia y de nuestros lugares de trabajo sería imposible llevarlo a cabo, puesto que no solo dedicamos tiempo nosotros, también se ven afectados los esposos y esposas. los hijos, los padres, los amigos, y muchas otras actividades sociales o recreativas.

Pero también concluimos que el valor más importante es que esta segunda vez no tiene que ver con las expectativas de nuestros papás, con lo que pensábamos podría ser nuestra vocación o con si “la carrera lleva matemáticas”; esta vez lo hacemos 100% por gusto, con un nivel de compromiso y disciplina que no conocíamos a los 20.  Hoy a cada clase le encontramos una aplicación evidente a la vida diaria, tanto profesional como personal; los ejemplos no son de libro, son reales y aparecen clase con clase; lo que hemos visto a lo largo de los años nos hace cada vez más sentido, surgen nuevas ideas y formas de mejorar, es de verdad apasionante.

Compartir las clases con compañeros de diferentes carreras de origen, edades, grados de experiencia e intereses, definitivamente enriquece tanto o más que la propia cátedra.

¿Que si es un reto? No te puedo mentir, definitivamente lo es. En solo seis meses hemos “perdido” a una tercera parte de los compañeros con los que iniciamos, pero no hay forma de que sepas si esto de volver al aula es para ti o no si no das el primer paso, en una de esas terminas tan feliz como yo de estrenar libros y cuadernos y desde luego de darle un nuevo impulso a tu vida profesional.

¡Que tengas éxito!

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YO TAMBIEN NACÍ EN EL ’73.. HISTORIAS DE VIDA DE MUJERES

Act. Teresita Ruiz Pantoja

Mtra. en Demografía

CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

Las mujeres que nacimos en 1973, estamos transitando por nuestra cuarta década de vida. Estamos en plenitud, aún somos fuertes y gozamos de buena salud. Somos independientes y responsables de nosotras mismas. Algunas además tenemos el compromiso de criar hijos. Y estoy segura que todas tenemos un cierto plan de vida que estamos cumpliendo.

A esta edad, nuestras Historias giran en torno a tres grandes ejes: nuestro nivel educativo (asociado a nuestra ocupación), estado conyugal y la maternidad. Cada una tiene historias de vida diferentes, pero en conjunto compartimos eventos de una misma generación.

En 2015, 966 mil mujeres cumplimos 42 años, – 1.6% de la población femenina nacional, calculada en 61.5 millones. Por cada cien, cuatro no tenían escolaridad, 27 contaban con algún grado de Primaria, 31 con algún grado de Secundaria, 18 cursaron el Bachillerato y 19 alcanzaron la educación Superior. Tomando como referencia al total de mujeres de 15 años y más, la proporción de las que no tienen escolaridad es más baja en la generación del ‘73, así como las que cuentan con educación Media Superior; mientras que el porcentaje de mujeres con algún grado de Secundaria es más alto que en las de 15 años o más; observándose proporciones similares de las que cuentan con Educación Superior en ambos grupos (INEGI:2016, Encuesta intercensal 2015).

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Se calcula también, que de cada diez mujeres de mi edad, siete estaban Unidas (casadas o en unión libre), una permanecía soltera, y una más estuvo Unida alguna vez (divorciada, viuda o separada). Comparando con las de 12 años y más, el porcentaje de Unidas es más alto en mi generación y menor el porcentaje de las Nunca Unidas.

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Casi la mitad estaban empleadas (47.2%), y otra parte similar dedicada a los quehaceres del hogar. Algunas dijeron realizar algún tipo de actividad de carácter productivo, aunque no están propiamente empleadas, como atender su propio negocio o atender un negocio familiar, vender algún producto, criar animales o sembrar algo, o bien ofrecer algún servicio por un pago. El resto estaban jubiladas, pensionadas, no trabajaban o no especificaron su condición de actividad. Comparando con las mujeres de 12 años y más, existe mayor proporción de mujeres productivas en la generación del ‘73, y por ende, menor proporción de las dedicadas a los quehaceres del hogar o en otra condición.

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En 2009, ocho de cada diez tenían pareja o estuvieron Unidas, y se calcula que la edad promedio a la primera Unión fue a los 19 años. Sin embrago, entre las que no tuvieron instrucción, la edad promedio fue a los 15.8 años; 18.8 en las que contaban con algo de Primaria o Secundaria, y 21.3 en las que tenían educación Superior (Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010).

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Respecto a la maternidad, se estimó un promedio de 2.7 hijos por mujer en 2015, mayor al promedio nacional de 2.3. Pero, hay quienes nunca han tenido hijos (9.3%), otras solo han tenido uno (11%), otras dos (27.8%), y la mitad dijo tener tres o más (53%). No obstante, el tamaño de la descendencia decrece conforme aumenta la escolaridad. Con datos de 2009, se estima que de las mujeres que nunca fueron a la escuela, 2.4 % tienen un hijo, 11% dos, 22% tres y 65% más de tres. Pero a partir de las que cuentan al menos con algo de Primaria, los porcentajes empiezan a cambiar hacia una menor fecundidad: el porcentaje de mujeres que tienen un hijo varía de 7.4% en las que tienen al menos un grado de Primaria, a 11.4% en las que tienen Secundaria, y llega a 28.4% en las que alcanzaron educación Superior. El porcentaje de las que tienen dos hijos, aumenta a 27% en las que cuentan con algo de Primaria y alcanza a casi 46% en las que tienen educación Superior. Mientras que el porcentaje de mujeres con más de tres hijos se reduce de 38.7% en las que cuentan con Primaria, a 21.3% en las que tienen hasta Secundaria y a 5% en las que tienen educación Superior (Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010).

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La proporción de mujeres que trabajan disminuye conforme tienen mayor número de hijos, a la vez que la proporción de las dedicadas al hogar se aumenta, pero en todos los casos el porcentaje de las que trabajan es más alto en las de mi edad, comparando con el total de mujeres de 12 años y más.

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Las características sociales y económicas juegan un factor discriminante en la edad promedio a la primera Unión y en el número de hijos. Conforme el estrato mejora, aumenta dicha edad y el tamaño de la familia disminuye, constatando la fuerte asociación entre la escolaridad y el estrato socioeconómico de pertenencia con el inicio de la vida conyugal y la maternidad.

Edad promedio a la Primera Unión de las mujeres nacidas en 1973 según estrato socioeconómico

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Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010

Número promedio de hijos de las mujeres nacidas en 1973, según estrato socioeconómico de pertenencia

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Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010

En un pequeñísimo ejercicio “casero”, obtuve las Historias de Vida de 35 amigas contemporáneas en edad y entorno social. Casi todas Mujeres profesionistas. Cuatro de ellas aún no tienen hijos (12.5%), once tienen uno (31.4%), catorce han tenido dos (40.0%), dos tienen tres, dos tienen cuatro y dos tuvieron cinco. Actualmente la edad mediana a la primera unión es alrededor de los 20 años, y la edad promedio del nacimiento del primer hijo es a los 21 años, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica en México 2014. En la década de los noventa, – cuándo todas tuvimos que haber concluido nuestros estudios universitarios -, ambos indicadores correspondían a un año menos. No obstante, cuatro de ellas tuvieron su primer hijo antes de los 20 años, trece iniciaron su maternidad entre los 20 y los 29, y las otras catorce después de los 30 años. Las que han tenido mayor número de hijos son las que empezaron su maternidad en las edades más jóvenes – antes de los 27 años.

En términos demográficos, las chicas con mayor número de hijos (cuatro o cinco), tuvieron una fecundidad semejante a la de las jóvenes de una década anterior a su momento reproductivo, – en 1990 las mujeres tenían en promedio 3.4 hijos. En cambio las que han tenido entre uno y dos, han llegado a la tasa de reemplazo demográfico (2.1 hijos por mujer), e incluso han empezado a reemplazarse solo a sí mismas, pero ya no a su compañero, surgiendo un nuevo problema en las sociedades modernas.

El ejercicio pone de manifiesto las tendencias actuales de la transición demográfica: cada vez más mujeres están retrasando su edad a la maternidad por cumplir ciertos planes personales y profesionales que anteponen a la crianza de los hijos, aunque relacionado al estrato social de pertenencia; así como un menor tamaño de familia que las mujeres eligen a lo largo de su vida, latentes en la generación del ’73.

Si bien tener hijos o no tenerlos, así como el número de ellos, depende de muchos factores, circunstancias y decisiones, queda claro que para ciertos sectores, actualmente la maternidad empieza a concebirse “como un camino, más no un destino”, según dicen las Señoras feministas.

Mujeres entrevistadas nacidas en 1973 por edad al nacimiento del primer hijo y número de hijos, abril 2016 *

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*Agradezco la valiosa participación de quienes quisieron compartir sus historias de vida para este trabajo

EL REZAGO EN EDUCACIÓN DE MÉXICO. CIFRAS RECIENTES

Blog cread por: Act. Teresita Ruiz Pantoja

Mtra. en Demografía

CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

El acceso a la educación es un derecho universal y un derecho constitucional en México. La educación formal es un arma poderosa contra la pobreza, la marginación y la segregación social. De ahí la importancia de incluir en los Planes de Desarrollo programas dirigidos a todos los sectores de la población en edad escolar para que se integren a las aulas y puedan cubrir al menos con la Currícula Básica que contempla 9 años de educación formal, sin considerar el nivel preescolar, lo que significa contar al menos con secundaria completa (acuerdo tomado por las autoridades federales a partir de 1993). No obstante, hasta 2014 la escolaridad promedio de la población mexicana no alcanza aún los nueve grados.

De acuerdo con el Censo de 2010 (nuestro referente nacional más reciente) el grado promedio de escolaridad de la población de 15 años y más era de 8.6 años con diferencias por grupos de edad. Entre los más jóvenes por ejemplo, – 15 a 19 años – el promedio era de nueve grados; entre los de 20 a 29 años, diez; en los de 30 a 44 años, nueve; y a partir de los 45 años el promedio empieza a disminuir por grupos quinquenales hasta llegar a tres grados en los de 75 a 84 años y a dos, en los de 85 años y más. Además los diferenciales por sexos son marcados: la escolaridad promedio de las mujeres es de 8.5 grados y de 8.8 para los varones.

Por entidades federativas, el indicador es desigual: 14 estados se ubican por debajo de la media nacional. Chiapas, Guerrero y Oaxaca tienen los niveles más bajos. En contraste, el Distrito Federal, Nuevo León y Coahuila tienen los mayores promedios.

Si bien los esfuerzos federales y estatales en materia de educación se han visto redoblados en los últimos años, las condiciones sociales, económicas y culturales que prevalecen en nuestro país no han permitido la cobertura universal y aún siguen habiendo niños y jóvenes fuera de las aulas, ya sea porque tuvieron que truncar sus estudios o porque nunca han podido asistir. Es de resaltar que las mujeres de áreas rurales o marginadas son las que han visto más limitadas estas oportunidades, así como por cuestiones de género.

De acuerdo con cifras del INEGI, la mayor asistencia escolar ocurre entre los 6 y 14 años de edad – al menos nueve de cada diez niños y niñas -; se reduce a siete de cada diez entre las edades 15 a 17, y a tres de cada diez entre los 18 y 24 años (ENIGH:2012).

El porcentaje de absorción escolar – proporción de egresados de un nivel escolar que continúa en el nivel inmediato superior en un ciclo escolar determinado – muestra una diferenciación alarmante entre hombres y mujeres a medida que se avanza de un nivel a otro: de cada 100 niñas o niños que concluyen la Primaria, 96 de ellas ingresan a Secundaria y 97 de ellos; en la Educación media Superior, la brecha es mayor, 97.7 de las mujeres y 106.6 de los hombres; en tanto que en la educación Superior las tasas de absorción son de 73.5 para las mujeres y de 83.4 para los hombres. Lo que evidencia una menor continuidad en los estudios de parte de las mujeres (SEP: 2014 en INEGI: 2015).

Si bien es cierto que el porcentaje de absorción escolar es menor en el caso de las niñas y jovencitas que no pueden continuar con sus estudios por alguna causa, la deserción escolar por parte de los varones, supera a la de las mujeres y aumenta a medida que avanza el nivel escolar – el indicador se refiere al abandono de la escuela dentro de un mismo ciclo -. En el nivel Primaria el abandono es incipiente, menos de un punto porcentual en ambos sexos; en cambio en Secundaria, éste crece a 6.1% en los niños y a 4.4% en las niñas; y las cifras llegan a ser de 16.3 y 12.7% en el nivel Medio Superior, respectivamente (en INEGI: 2015).

De acuerdo con un informe de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el Grado de escolaridad promedio de las personas con 15 años o más en el primer semestre de 2015 era de 9 años. Cifra que ya supera lo reportado en el Censo de 2010.

No obstante, la proporción de población con 15 años y más con rezago educativo en 2012 – aquella que no terminó la secundaria -, muestra una relación directa entre ese rezago y la edad, así como las diferencias por sexo en el acceso a la educación a través del tiempo, siempre en detrimento de las oportunidades para las mujeres. Entre los 15-29 años, el porcentaje de personas en rezago educativo era de alrededor de 23%; entre los de 30 a 44, las cifras son de 36.5% para los hombres y de 42% para las mujeres. En los de 45 a 59 y los de 60 años y más, las brechas por género son más amplias: 12.6 puntos en el primer grupo y 8.4 en el segundo, dónde la mitad de los hombres menores de 60 años no alcanzaron la secundaria y 77% de los más viejos (ENIGH: 2012).

De acuerdo con los expertos, el tema de la Educación sigue siendo el Talón de Aquiles para México. Según el Índice de Desarrollo Humano calculado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), nuestro país tiene una escolaridad promedio por debajo de países africanos como Botsuana y Ruanda, comparación que deber ser altamente preocupante para las autoridades que no dejan de Victoriar que México ha entrado al grupo de países con “Alto Desarrollo Humano”. [México tiene un promedio de escolaridad de 8.5 años y una expectativa de escolaridad de 12.8 años; mientras que Botsuana tiene una escolaridad de 8.8 años y Ruanda una expectativa de escolaridad de 13.2 años (CNN:2014)].

Palabras Clave: nivel de escolaridad, rezago educativo

Consultas:

INEGI (2011), Censo Nacional de Población y Vivienda 2010. México.

INEGI (2014), Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH). México.

INEGI (2015), Mujeres y Hombres en México 2014. México.

(http://www.inmujeres.gob.mx/inmujeres/images/frontpage/redes_sociales/myh_2014.pdf)

 

Educación, el ‘talón de Aquiles’ para el desarrollo humano en México. En CNNMéxico, 24 de julio 2014

http://mexico.cnn.com/nacional/2014/07/24/educacion-el-talon-de-aquiles-para-el-desarrollo-humano-en-mexico