¿Estoy viejo para volver a estudiar?

Blog creado por: Magdalena Macías

mail: magdalena.macias@maro.com.mx

 

Voy llegando a mi nueva universidad, desconozco el procedimiento del uso del estacionamiento, por lo que me acerco a un vigilante, le indico que soy de nuevo ingreso y le pregunto dónde puedo dejar mi auto; él muy amable me responde: “Claro profesora, no hay lugares asignados, puede estacionarse en cualquier sección” …no vi la necesidad de precisarle que no era yo una profesora sino una nueva alumna…de 42 años…pero, al fin y al cabo, alumna.

Trabajar 15 años en firmas internacionales y nacionales, me permitió tener claro que los servicios profesionales, por más especializados que sean, requieren ser atendidos cuidando todos los ángulos o puntos de vista y no solo la materia principal de la cual se trate. En estas firmas los profesionales de las diversas áreas aportamos nuestros conocimientos y experiencia para la prestación de un resultado final integral; si bien formar parte de estos equipos durante de 15 años me dio un sólido respaldo al momento de independizarme, dejar una firma multidisciplinaria, me dejó también, de un día para otro, sin esa red de apoyo.

Todo ello me llevó hace poco más de dos años a iniciar una maestría en derecho fiscal; entre más cosas aprendía, más me daba cuenta de todo lo que no sabía y de todos los espacios que como hoyos negros se presentaban ante mí; ahora había muchas más necesidades técnicas que subsanar de las que hasta ese momento conocía.

Fue entonces cuando de manera seria, retomé un sueño abandonado de 10 años atrás, estudiar Derecho.

No, no piensen que un día se prendió un foco en mi mente y me inscribí, la verdad es que en lo primero que pensé fue en los contras: “ir a clases”, “hacer tarea”, “de dónde iba a sacar tiempo, “las cosas que debía sacrificar”, “el dinero que representaba” y todas esas ideas que seguramente pasan por tu cabeza si es que estás o has contemplado volver a la escuela.

Volver a ser alumna de manera formal en una licenciatura ha sido por mucho de las mejores decisiones de mi vida, sin duda lo más difícil ha sido organizar mi tiempo puesto que además de las clases y las toneladas de tarea, el nivel de auto-estudio es muy grande. Compartiendo con algunos de mis compañeros y amigos que estudiamos una segunda carrera, ahora que estamos “pasaditos de los 35”, concluimos que sin el apoyo de la familia y de nuestros lugares de trabajo sería imposible llevarlo a cabo, puesto que no solo dedicamos tiempo nosotros, también se ven afectados los esposos y esposas. los hijos, los padres, los amigos, y muchas otras actividades sociales o recreativas.

Pero también concluimos que el valor más importante es que esta segunda vez no tiene que ver con las expectativas de nuestros papás, con lo que pensábamos podría ser nuestra vocación o con si “la carrera lleva matemáticas”; esta vez lo hacemos 100% por gusto, con un nivel de compromiso y disciplina que no conocíamos a los 20.  Hoy a cada clase le encontramos una aplicación evidente a la vida diaria, tanto profesional como personal; los ejemplos no son de libro, son reales y aparecen clase con clase; lo que hemos visto a lo largo de los años nos hace cada vez más sentido, surgen nuevas ideas y formas de mejorar, es de verdad apasionante.

Compartir las clases con compañeros de diferentes carreras de origen, edades, grados de experiencia e intereses, definitivamente enriquece tanto o más que la propia cátedra.

¿Que si es un reto? No te puedo mentir, definitivamente lo es. En solo seis meses hemos “perdido” a una tercera parte de los compañeros con los que iniciamos, pero no hay forma de que sepas si esto de volver al aula es para ti o no si no das el primer paso, en una de esas terminas tan feliz como yo de estrenar libros y cuadernos y desde luego de darle un nuevo impulso a tu vida profesional.

¡Que tengas éxito!

viejoparaestudiar

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LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN MÉXICO 2016. ALGUNAS NOTAS DE INTERÉS

Act. Teresita E. Ruiz Pantoja

Mtra. En Demografía

CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

La Investigación Científica (IC) es la piedra angular de la innovación y desarrollo de tecnologías de un país. Activa su economía, fomenta su producción, genera conocimiento y resuelve problemas sociales de todo tipo,  en salud y educación, por ejemplo.

En México la IC había estado dormida hasta principios del siglo pasado y la comunidad científica era minúscula, sin muchas posibilidades de crecimiento y su productividad se limitaba a repetir lo que venía del extranjero. “La situación mejoró de manera notable hasta la segunda mitad del siglo XX, en que con mayor presencia empezaron a consolidarse diferentes grupos de investigadores. Se formaron las primeras Escuelas en distintas especialidades y la calidad de algunos trabajos alcanzó nivel internacional. Todo con el apoyo de la UNAM y de otras pocas instituciones públicas de educación superior. Sin mucho respaldo del Gobierno, la propia comunidad científica promovió la formación del Conacyt, generó y conservó la iniciativa de su propio desarrollo (y no los Planes Oficiales), institucionalizó a la ciencia en la UNAM (una vez que obtuvo su autonomía del Estado), fundó la Academia de la Investigación Científica hoy Academia Mexicana de Ciencias, ideó y fundó el Cinvestav  (y no la Secretaría de Educación), promovió el SNI (y no el Presidente De la Madrid), y propuso la creación del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia”.  (http://www.buenastareas.com/ensayos/Situacion-Actual-De-La-Investigacion-Cientifica/7451810.html)

No obstante, México tiene una grave crisis científica, “se encuentra entre los tres países que menos invierten en investigación y desarrollo, sólo detrás de Rumania y Chile, según un análisis del Fondo Económico Mundial (WEF) con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2014. La inversión de México equivale a 0.43% del Producto Interno Bruto (PIB). Rumania gasta 0.39 por ciento y Chile 0.36 por ciento. El promedio de inversión de la OCDE es de 2.4 por ciento del PIB. En contraste,  Israel y Corea son los mayores inversionistas en Investigación y Desarrollo con 4.2 por ciento de su PIB respectivamente. Japón, Finlandia y Suecia completan las cinco primeras naciones que gastan más en este segmento. Las potencias económicas como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Francia, aunque tienen niveles elevados, no rebasan el tres por ciento de su PIB”. (FORBES: 2014), http://www.forbes.com.mx/mexico-entre-los-paises-que-menos-invierten-en-investigacion/#gs.clnpnJI)

Según un artículo del periódico La Jornada del año pasado, México destinó sólo 0.34 por ciento a ese rubro (ejercicio fiscal 2015), aun cuando el artículo 25 de la Ley General de Educación, con relación al artículo 9 bis de la Ley de Ciencia y Tecnología, establecen que el gobierno federal debe destinar al menos uno por ciento del PIB a ciencia y tecnología. Así, la Cámara refiere que para 2015 las fuentes más importantes de los recursos públicos asignados a ciencia, tecnología e innovación en México provienen del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y de la Secretaría de Educación Pública. (La Jornada: 28 de marzo de 2015).

Hasta 2011, México ocupaba el lugar número 67 de 146 países, en el Índice  de la Economía del Conocimiento (IEC) del Banco Mundial. De acuerdo con esta institución, las economías basadas en el conocimiento son aquellas que invierten en capital humano y social, y promueven la generación de nuevos conocimientos para crear bienestar y resolver dificultades en la sociedad. Este índice se calcula con base en cuatro componentes: -Incentivos económicos y régimen institucional. -Educación y recursos humanos. -Sistema de Innovación. Y -Tecnologías de Información y comunicación (Osuna y Fernández: 21/mayo/2013).

Pero, ¿cuáles son las diferencias en la actividad Científica al interior del país?

El Centro de Análisis para la Investigación y la Innovación dio a conocer el Índice Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2015 para cada una de la entidades federativas, compuesto por 12 indicadores generales  que incluyen la Inversión pública y privada en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) y Producción Científica.

En el tema de Inversión privada y pública en ciencia, tecnología e innovación, se establecieron ocho indicadores: Gasto promedio en investigación y desarrollo tecnológico de las empresas por Entidad Federativa; Gasto promedio que realizan las empresas en innovación por Estado; Participación de las empresas en gasto en investigación y desarrollo tecnológico, respecto al presupuesto Estatal en CTI;  Recursos otorgados por el CONACYT para recursos humanos en el Estado, respecto a su presupuesto anual; Presupuesto del gobierno Estatal para CTI respeto al PIB; Recursos otorgados por el CONACYT para proyectos de CTI en la entidad federativa; y  Presupuesto del gobierno Estatal en CTI respecto del total de fondos del CONACYT a la entidad.

Las cinco entidades mejor posicionadas en este indicador son: Baja California Sur, Distrito Federal, Puebla, Chihuahua y Coahuila. En tanto que los últimos lugares los ocupan: Oaxaca, Guerrero, Sinaloa, Chiapas y Durango.

En el indicador de Producción Científica, considera el entorno de la productividad del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), así como su impacto en cada Estado y la relación que guardó con el sector privado. Contempla siete indicadores generales: Investigadores del SNI en relación con la PEA; Productividad científica de los investigadores del SNI; de acuerdo a la residencia del autor, impacto de la producción científica Estatal; Tasa de especialización productiva científica por subsector económico; Tasa de especialización productiva científica por categoría; Equilibrio relativizado al número de subsectores económicos especializados; e Investigadores en el sector privado por 100 mil habitantes.

En este renglón las entidades mejor calificadas fueron Distrito Federal, Morelos, Querétaro, Chihuahua y Baja California Sur. En tanto que Hidalgo, Tamaulipas, Campeche, Tabasco, y Oaxaca, tienen la menor productividad.

En cuanto al gremio científico de excelencia que conforma el Sistema Nacional de Investigadores (SNI[1]), las cifras del Conacyt para 2016, indican que éste agrupa a 25 mil 72 especialistas en los campos Físico matemático y Ciencias de la Tierra, Biología y Química, Medicina y Ciencias de la Salud, Humanidades y ciencias de la conducta, Ciencias sociales, Biotecnología y Ciencias agropecuarias e Ingenierías (Gráfica 1). Adscritos a 941 instituciones nacionales e internacionales. Y dónde 96.2 por ciento cuentan con el grado de Doctor. La UNAM aparece con la más alta concentración científica albergando 17.2 por ciento de esos investigadores, seguida del Instituto Politécnico Nacional, con 4.5 por ciento, y la Universidad Autónoma Metropolitana con 4.4 por ciento. La Universidad de Guadalajara participa con 3.7, el Centro de Investigación y de estudios avanzados del IPN con 3.1, la Universidad Autónoma de Nuevo León con 2.8, la Benemérita Universidad de Puebla con 2.3, la Universidad Autónoma del Estado de México con 2.1, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí con 1.8 y la Universidad de Guanajuato con 1.8, por mencionar las diez primeras instituciones del país.

[1] Creado Por Acuerdo Presidencial el 26 de julio de 1984, para reconocer la labor de las personas dedicadas a producir conocimiento científico y tecnología. Tiene por objeto promover y fortalecer, a través de la evaluación, la calidad de la investigación científica y tecnológica, y la innovación que se produce en el país. El Sistema contribuye a la formación y consolidación de investigadores con conocimientos científicos y tecnológicos del más alto nivel como un elemento fundamental para incrementar la cultura, productividad, competitividad y el bienestar social. En él están representadas todas las disciplinas científicas que se practican en el país y cubre a una gran mayoría de las instituciones de educación superior e institutos y centros de investigación que operan en México. En este sentido coadyuva a que la actividad científica se desarrolle de la mejor manera posible a lo largo del territorio y a que se instalen grupos de investigación de alto nivel académico en todas las entidades federativas. El SNI está organizado en cuatro niveles: Candidato, Nivel I, Nivel II y Nivel III. Y son requisitos indispensables para ser miembros: haber obtenido el grado de doctor y contar con aportaciones recientes en  artículos, libros,  capítulos de libros, patentes,  desarrollos tecnológicos, innovaciones, transferencias tecnológicas; así como en la formación de científicos y tecnólogos: dirección de tesis profesionales y de posgrado terminadas, impartición de cursos en licenciatura y posgrado y formación de investigadores y de grupos de investigación.

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Geográficamente, el Distrito Federal es el de mayor tamaño poblacional con 32.4 por ciento. Le siguen el Estado de México y Jalisco, con 5.8 y 5.1 por ciento de los investigadores. Nuevo León y Morelos con 4.2. Puebla, Guanajuato y Baja California entre 3  y 4 por ciento. Seis estados tienen entre 2 y menos del 3 por ciento. Siete entre 1 y menos del 2 por ciento. Y el resto tienen menos del uno por ciento de los investigadores, cada uno. Mapa 1

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verde ENTRE 1 Y MENOS DEL 2 POR CIENTO   morado MENOS  DEL 1 POR CIENTO


El número de investigadores por entidad, está correlacionado positivamente con la distribución territorial de la población de 30 años y más con escolaridad de al menos 19 años – correlación alta de 88 por ciento (Gráfica 2); y con la distribución territorial de la población de 30 años y más con escolaridad de menos de 9 años, – correlación de menor magnitud de37 por  ciento (Gráfica 3). Y está relacionada negativamente con el índice de marginación de las entidades (-32 por ciento), es decir, a menor marginación, mayor porcentaje de investigadores.

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Gráfica 2

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Gráfica 3

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Gráfica 4

A manera de conclusión, es preciso señalar que México es un país de enorme capital científico y de una gran vocación investigativa, por lo que “debe aprovechar plenamente sus recursos para impulsar un desarrollo basado en el conocimiento y explotar sus activos en la materia, comprendiendo polos de excelencia en la educación superior y la investigación científica, un acervo considerable de técnicos e ingenieros altamente calificados, y una amplia capacidad emprendedora”. (Osuna y Fernández: 21/mayo/2013).

 

Consultas

Sistema Nacional de Investigadores de México

http://www.conacyt.gob.mx/index.php/el-conacyt/sistema-nacional-de-investigadores

 

“Empresas mexicanas, sólo 5%
 hace investigación”, El Economista. (14 de noviembre de 2013)

http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2013/11/14/empresas-mexicanas-solo-5-hace-investigacion-desarrollo

 

Osuna y Fernández Manuel, “Urge fomentar la investigación científica en México”, en Expansión, en alianza con CNN, 21/mayo/2013.

Centro de Análisis para la Investigación y la Innovación (CAIINNO), Índice Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2015. En internet

El Benchmark, ¿copia fiel? o ¿De qué se trata?

“Pensad por cuenta propia y dejad que los demás disfruten del derecho de hacer lo mismo”

– Voltaire.

¿Ahora resulta que copiar la forma de trabajar de algunas empresas puede ser redituable?, Puede ser que sí, puede ser que no; las opiniones son tan encontradas. Recuerdo una anécdota de una ciudad del sureste del país, un vecino puso una tienda y, como le iba tan bien (buenas ventas, muchos productos) alguien más dijo: “pues si le va bien a él, me va bien a mi” y ¿adivinen qué hizo?: puso su tienda. Con el paso del tiempo, en esa calle llegaron a existir 6 tiendas. El 100% de clientes se dividió, y a ninguno le fue bien como al primero.

Esto que comento es lo más sencillo, es decir, fijarse en lo que hacen los demás que tienen éxito, sin embargo, si pretendes tener éxito aquí van algunos puntos a observar:

-Deberás ser más inteligente que el original para ser creativo, sacar provecho del aprendizaje.

-La única manera de aprender es que tú des tus propios pasos, de tal forma que sólo tu sepas qué quieres.

-Para tener el éxito que buscas, todas tus actividades deben ejecutarse de manera adecuada.

-Constancia y disciplina.

Por otro lado, copiar no te garantiza nada; el éxito también depende en parte de una suma de acontecimientos que dependen del azar. Podríamos llamarlo suerte, pero hay gente que logra encontrándola trabajando.

Otros puntos que deberás tomar en cuenta al hacer tu empresa o producto son:

Deberás entender que el contexto en el que una práctica tiene éxito es crítico. Por ejemplo: Si quieres mejorar el desempeño de la policía de la ciudad de México, las prácticas de otros lugares pueden resultar interesantes, pero aplicarlas aquí resulta cuesta arriba porque hay factores de economía, de cultura y de educación, solo por citar algunos, que hacen que pretender que nuestros policías se comporten como la policía montada de Canadá o los famosos Bobbies ingleses, es de risa, ¿no?

Convertir el benchmark en la estrategia particular de la empresa. Esto significa hacer de los datos de otros, nuestra propia intención estratégica. Este segundo error suele ser un tema recurrente en México al usar el benchmark tal cual, sin discriminar ni profundizar, decidiendo qué hacer con base en lo que les ha funcionado a otros. Muchos “emprendedores” basan buena parte de sus decisiones importantes en lo que hacen los demás.

No se debe implementar en la empresa lo que la competencia hace sin hacer un previo análisis, puesto que cada empresa es un mundo, y lo que funciona en una empresa, necesariamente no funcionará en otra.

Cada nicho, cada mercado y cada momento es diferente y requiere un trato especial. Un emprendedor es un poco como un cocinero porque tiene que ser capaz de crear su salsa especial en cada receta que cocina.

Copiar puede ser la base, incluso puede ser el 50% de lo que pones en marcha, pero el resto lo tienes que aportar tú. Crea algo único e inconfundible para “parecer” un original.

Si bien ya es cada día más difícil “encontrar el hilo negro”, copiar es mucho más barato que investigar e innovar; los ejemplos van desde los artículos electrónicos (Teléfonos celulares, Tablets, reproductores MP3, etc.). Si ya tienes pensado copiar algún tipo de empresa, servicio, producto, etc. deberás no sólo copiarlo tal cual lo conoces, sino que deberás innovar o mejorar algo que a tu parecer deba corregir.

El Benchmarking es una gran herramienta cuando es correctamente utilizada. Te permitirá conocer las bondades de la competencia, el cómo hace las cosas para luego tomar de allí lo que se pueda aplicar a la empresa; pero si se utiliza incorrectamente, puede tener un efecto severamente negativo y nada tiene que ver con el copiar o plagiar; si se aborda de esta forma, será muy difícil superar a la competencia, a lo sumo se logrará parecer a ella.

Ahora el tema siguiente es: que te podrían demandar por uso de nombres, imágenes, procesos y tendrás que echar marcha atrás de lo que sea haya sido el plagio.

Las multas van hasta los 20 mil días de salario mínimo vigente (casi 1 millón y medio de pesos), si te encuentran culpable de apropiarse o tratar de imitar algo sin el debido permiso.

Pero si después de todo esto, aún estás decidido en “poner” tu empresa pensando en otra, está muy bien, pero recuerda:

A Alguien podría gustarle tu idea de empresa y copiarte tu idea.

El Coaching empresarial

Sin duda, el coaching es una realidad que ya está arraigada en las prácticas de RH. como herramienta de desarrollo profesional. Los resultados obtenidos en el estudio sobre coaching ejecutivo por la consultora británica de capital humano HDA, no dejan lugar a dudas:

  • El 97% de las organizaciones encuestadas creen que el coaching empresarial impacta positivamente en el rendimiento empresarial. Esta creencia ha aumentado un 10% desde la encuesta HDA 2008.
  • El 97% de los encuestados cree que el coaching mejora la facilidad con que los cambios son aceptados y aplicados.
  • La mejora en el rendimiento de los equipos fue calificada como el beneficio principal de la aplicación del coaching empresarial.
  • Más del 70% de las organizaciones encuestadas ofrecen coaching a los empleados en todos los niveles. Esta cifra ha aumentado en un 24% desde 2008, cuando el coaching sólo se ofrecía al equipo de dirección, directores o altos potenciales.
  • Para el 88% de las empresas encuestadas el coaching empresarial proporciona retorno de la inversión (ROI), lo que supone un 6% más sobre los resultados de 2008.
  • El 94% de las organizaciones consideran más efectivo el coaching presencial en lugar del online o telefónico.

 

Beneficios del Coaching Empresarial

Sir John Whitmore, en su libro “Coaching for Performance”, apunta los siguientes beneficios de Coaching Empresarial:

  1. Mejora del desempeño y la productividad.
  2. Desarrollo de las personas.
  3. Mejora del aprendizaje.
  4. Mejora de las relaciones.
  5. Mejora de la calidad de vida en el trabajo.
  6. Más creatividad.
  7. Mejor uso de habilidades y recursos.
  8. Respuestas más rápidas y efectivas a situaciones de emergencia.
  9. Mayor flexibilidad y adaptabilidad al cambio.

 

Inversión en coaching

Así como el Coaching Personal se centra en una única persona, el Coaching Empresarial puede centrarse en una única persona (trabajador, gerente, director, etc.), o bien en un equipo (equipo departamental, unidad de negocio, incluso la empresa en general). En cualquiera de los dos casos, los beneficios repercuten siempre en la empresa de forma directa o indirecta.

Un estudio de la International Coach Federation  (ICF) revela que las empresas encuestadas recuperaron 7 veces lo invertido en procesos de Coaching Empresarial, lo que probablemente sea una de las tasas más elevadas del Retorno de la Inversión (ROI).

 

Diferencia con la psicología

Los coaches partimos de la base de que las personas son por naturaleza completas, creativas y están llenas de recursos, mientras que en psicología se observa al paciente desde un punto de vista médico.
En coaching no hay terapia ni diagnóstico. No hablamos de problemas, sino que nos enfocamos en la agenda del cliente (tema que quiere enfocar durante la sesión o proceso).

En coaching no hablamos de paciente sino de cliente (coachee).

La relación entre coach y cliente es de igual a igual, mientras que el psicólogo está en un plano superior con respecto al paciente.

La relación en coaching se establece entre ambos cuando se diseña la Alianza y en terapia psicológica es el terapeuta quien la diseña.

El coaching se centra en potenciar las habilidades y talentos del cliente, así como trabajar los posibles bloqueos que tenga, el psicólogo se enfoca en encontrar la causa del problema y en resolverlo a través del tratamiento.

En coaching se ensalzan los momentos y experiencias cumbres vividos por el cliente para empoderarlo y conectarlo con ese aprendizaje para su futuro, (la mirada es de presente a futuro); en cambio en psicología se trabajan los momentos críticos o de baja autoestima de la persona.

El coach no da consejos, algo que sorprende a veces al cliente cuando en la sesión de Descubrimiento (1ª sesión donde se establecen las bases de la relación), a diferencia del psicólogo, que aconseja y recomienda, da pautas de comportamiento y consejos profesionales en función del diagnóstico del paciente.

El coach tiene herramientas que pone al servicio del cliente para reforzar su autoconocimiento y llevarlo a la reflexión, será este último quien encuentre sus propias respuestas.

El coaching no atiende patologías ni enfermedades psíquicas, a diferencia de la psicología.

Objetivos, técnicas y recursos diferentes.

Las dos disciplinas tienen objetivos diferentes, y se emplean técnicas y recursos diferentes:

  • Un coach trabaja exclusivamente en objetivos y metas donde el cliente está comprometido.
  • En el coaching generalmente trabajamos hacia el futuro que quiere ser diseñado por el cliente, modificando el presente.
  • La terapia suele comenzar por el pasado.
  • Por lo general, la terapia es para profundizar en algunos temas; el coaching, para moverte hacia tus objetivos.

 

¿Cómo saber si funciona el coaching?

En este espacio voy a proponer un ejercicio que si lo haces con honestidad podrás ver cómo funciona, no hay resultados buenos o malos, es sólo un ejercicio en el cuál te darás cuenta de qué tan poderoso es el coaching.

 

“El optimista tiene siempre un proyecto. El pesimista, una excusa.” (Iosu Laoz)

Responde la siguiente pregunta:

¿Cuáles son las expectativas que no has podido cumplir o cubrir de ti mismo? Ya sea personal, profesional, familiar o en cualquier aspecto de tu vida.

¿Cuáles son las causas por las que no lo has hecho?

Además del dinero y el tiempo, ¿qué otras causas tienes para decir que no has podido completarlas, ¿Si tuvieras el tiempo o el dinero ya lo hubieras hecho?

La respuesta que estás teniendo está en función del deseo de obtenerlo, es decir, si tienes ganas de cubrir esa expectativa te puedo decir que incluso ya estás haciendo algo al respecto, de otro modo, tus consideraciones serán suficientes para no hacerlo ni hoy, ni mañana, ni en mucho tiempo; ya que hay algo más que no te deja avanzar (es una vocecita que te dice cosas como: ¿para qué?, ¿qué caso tiene?, incluso ¿esto que lees para qué?).

Como dije, no hay respuesta buena, ni mala, sin embargo, teniendo sesiones de coaching podrás saber por qué esa “vocecita” habla y te da la razón del porque no logras aún ciertas cosas en tu vida y cómo hacer para que logres lo que incluso nunca te habías imaginado.

 

 

 

¿Qué es mejor: Negocio o empresa?

El negocio es una operación de cierta complejidad, relacionada con los procesos de producción, distribución y venta de servicios y bienes, con el objetivo de satisfacer las diferentes necesidades de los compradores y beneficiando, a su vez, a los vendedores.

La empresa es una unidad económico-social, integrada por elementos humanos, materiales y técnicos, que tiene el objetivo de obtener utilidades a través de su participación en el mercado de bienes y servicios. Para esto, hace uso de los factores productivos (trabajo, tierra y capital).

Empecemos a diferenciar estas palabras, y estaremos empezando a pensar diferente: un negocio es vender un auto, una empresa es crear una agencia de venta de autos.

Me parece que la forma en cómo hemos visto en este país la forma de hacer riqueza es proporcional a lo que quienes arriesgan un capital están dispuestos a tener, a lo largo del tiempo he escuchado a muchas personas decir que tienen un “dinerito” ahorrado y que van a poner un negocio. Este termina siendo una papelería, una tienda, un local rentado o propio para vender “algo”. ¿Qué sucedería si en lugar de vender “algo” se enfoca en producirlo, o crearlo, o comercializarlo?, probablemente no tenga un negocio; sino una empresa. O el escenario más victimoso, decir que un ingeniero se cree dueño del país, cuando lo que ha hecho es invertir su dinero en empresas y donde crea fuentes de empleo para el país.

Del mismo modo, hay quienes quieren iniciar un negocio, en el cual no han puesto ni por escrito qué quieren hacer.

No pretendo criticar a quien tiene un local con una papelería, o una tienda de abarrotes; de hecho, es parte de la cultura de nuestro país que estas existan (o aún algunas), sin embargo, son las cadenas de empresas quienes llegan a alguna ciudad y “empiezan” a ganar terreno antes los pequeños, simplemente porque no pueden competir con los esquemas de alto volumen.

Por ejemplo: conozco un lugar donde venden una birria (caldo a base de carne de borrego), donde el dueño de ese lugar siempre está presente, y probablemente tiene 20 años vendiendo birria, y sigue teniendo el mismo local, las mismas mesas, y el mismo tipo de vida; mientras que hay quien vende quesadillas, pozole, desde hace 20 años, y hoy en día tiene ya 20 sucursales. ¿La diferencia? Uno es negocio, y el otro es empresa.

Y si, la responsabilidad de ambos es diferente, pero en esa proporción son las ganancias, y en la misma proporción se crece y se pueden tener más opciones para todos los consumidores. En el caso que mencionaba, debo trasladarme 40 a 45 minutos en auto para comer la birria que les comento, mientras que, para un pozole, existen 20 sucursales en la ciudad, la más cercana está a 3 minutos en elevador.

Saber por qué una persona no logra tener una empresa puede ser difícil, y existen desde las excusas de desconocimiento del mercado, el miedo de fracasar, no saber cómo se hace. E incluso podría mencionar, la falta de ahorro que es otro tema que debemos abordar y que determina fuertemente si una empresa nace o no.

También podría decir, que es un tema de educación: pocos hemos entendido que estudiar una carrera universitaria nos debería permitir tener la libertad de tener el trabajo que quisiéramos; incluso no estudiando una licenciatura. Sin embargo, creemos que estudiamos para trabajar en un lugar “casi” de por vida, pero no para poder tener una empresa y vivir de la rentabilidad de ella.

A todos los que desean independizarse, piensen en una empresa, no en un negocio; y como el primer ejemplo: tengan una agencia de autos, no sólo vendan uno. Existen talleres y procedimientos para crear una empresa desde los cimientos, para saber qué quieres y qué servicios ofrecerás, hasta qué hacer y qué no hacer en situaciones específicas.

Por último, diré que el negocio informal, existe porque no tenemos el hábito de formalizar, tenemos miedo de tener una responsabilidad y hasta de pagar los impuestos que deberíamos, y después decimos que no hay pavimentación, el cobro de luz es exagerado, los lugares quedan sucios, o invaden y no podemos pasar; el flujo circular de la economía se detiene en este punto; no hay manera de que el ciclo se cierre.

El salario emocional

Si escuchaste que en tu empresa hay “salario emocional” seguramente quisiste salir corriendo pensando que te pagarán con amor y no con dinero…pero calma, no es nada malo, !! al contrario ¡¡

La vieja escuela empresarial hablaba de horarios de trabajo fijos y muy estrictos, jornadas extenuantes, tiempo extra, permisos imposibles. Incluso grandes firmas o empresas transnacionales tenían (o tienen) ejecutivos exitosos que generan ingresos importantes y prestigio pero que llevan una vida disfuncional, problemas de pareja, familiares, de salud, etc.

Las nuevas generaciones (y las no tan nuevas) estamos cada vez más enfocadas en la calidad de vida, hay quienes incluso rechazan posiciones que les impedirían pasar fines de semana con sus familias, o tener horarios que no les dejen tiempo para desarrollar gustos o aficiones.

También para quienes hemos logrado una posición profesional privilegiada a través de muchos años de esfuerzo, se vuelve prioritario bajar un poco el ritmo y disfrutar de lo obtenido.

Es aquí donde las empresas se ven en la necesidad de buscar herramientas que nos permitan tener a personas talentosas y comprometidas que al mismo tiempo se sientan plenas en su desarrollo personal.

Surge así un concepto que ha sido llamado “salario emocional”, que si bien significa recompensar al empleado con algo diferente al dinero, de ninguna manera significa que su remuneración económica se va a ver reducida.

El salario emocional son aquellos beneficios que les damos a los empleados y que les aportan bienestar personal, ya sea en su familia, pareja, salud o esparcimiento.

Algunos ejemplos de salario emocional puede ser horario flexible, home office, gimnasio, clases, etc.; pero es indispensable tomar en cuenta que no todos los empleados necesitan lo mismo y que aplicar un “beneficio emocional” puede hasta ser contraproducente para algunas personas.

Así pues habrá para quienes trabajar una hora más todos los días a cambio de salir temprano los viernes sea maravilloso, pero tal vez esta medida para quien es mamá y debe salir corriendo a la guardería por su hijo resulte un desastre de lunes a jueves.

Podrías aplicar un día de home office a la semana como medida fija, pero si tienes personal que por el tipo de trabajo no pueden aplicarlo, lejos de aportar, generarás resistencia y sensación de injusticia en ellos por no poder tener un beneficio general.

Por ello las medidas que tomes para el otorgamiento de estos beneficios deberán ser siempre personalizadas y todo el equipo de trabajo sabrá que su beneficio es único y particular.

Como empresarios debemos tener claro que la gente disfruta trabajar en nuestra organización y reconocen en ella a directores que se preocupan de forma legítima por ellos, tendremos una empatía y mejor desempeño.

Esto último es real e indispensable, el salario emocional no es un acto “falso” de parte de los empresarios para darles “atole con el dedo” a nuestros colaboradores; hacerlo de esta forma tarde o temprano va a generar molestias en el empresario y con ello repercusiones negativas.

No debemos olvidar las obligaciones legales que como patrones tenemos y tener claro que los beneficios personales que otorgues no podrán contraponerse a las obligaciones que se tienen como patrón o a los derechos que los empleados tienen. Estos beneficios especiales deberán estar siempre en consenso con ellos.

Te compartimos algunos ejemplos de “salario emocional” que puedes aplicar en tu organización, algunos de ellos pueden tener relación económica, pero al final buscan brindar un beneficio personal:

  • Horario flexible
  • Home office o trabajo a distancia
  • Viernes de medio día
  • Poder llevar a sus hijos alguna vez a la oficina
  • Días libres (cumpleaños, actividades escolares de sus hijos)
  • Capacitación o clases que no estén relacionadas con su puesto en el trabajo (baile, liderazgo, inglés)
  • Permitir el acceso limitado al celular o a redes sociales
  • Espacios de esparcimiento (gimnasio, clases de zumba, salas de descanso o juegos, salidas pagadas a algún lugar recreativo)
  • Actividades de impacto social (campañas de reforestación, visitas a casa hogar, campañas para cuidado de animales)
  • Apoyo para útiles escolares, pasajes.
  • Concursos semanales para ganar un día de permiso
  • Poder llevar a su mascota (si la instalación lo permite y el reglamento cuando es un lugar compartido con más empresas)
  • Hacer entre todos algo por alguno de los empleados e irse turnando
  • Reconocimiento

Cada organización puede definir, con base en sus operaciones, cuales beneficios emocionales pueden implementar.

YO TAMBIEN NACÍ EN EL ’73.. HISTORIAS DE VIDA DE MUJERES

Act. Teresita Ruiz Pantoja

Mtra. en Demografía

CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

Las mujeres que nacimos en 1973, estamos transitando por nuestra cuarta década de vida. Estamos en plenitud, aún somos fuertes y gozamos de buena salud. Somos independientes y responsables de nosotras mismas. Algunas además tenemos el compromiso de criar hijos. Y estoy segura que todas tenemos un cierto plan de vida que estamos cumpliendo.

A esta edad, nuestras Historias giran en torno a tres grandes ejes: nuestro nivel educativo (asociado a nuestra ocupación), estado conyugal y la maternidad. Cada una tiene historias de vida diferentes, pero en conjunto compartimos eventos de una misma generación.

En 2015, 966 mil mujeres cumplimos 42 años, – 1.6% de la población femenina nacional, calculada en 61.5 millones. Por cada cien, cuatro no tenían escolaridad, 27 contaban con algún grado de Primaria, 31 con algún grado de Secundaria, 18 cursaron el Bachillerato y 19 alcanzaron la educación Superior. Tomando como referencia al total de mujeres de 15 años y más, la proporción de las que no tienen escolaridad es más baja en la generación del ‘73, así como las que cuentan con educación Media Superior; mientras que el porcentaje de mujeres con algún grado de Secundaria es más alto que en las de 15 años o más; observándose proporciones similares de las que cuentan con Educación Superior en ambos grupos (INEGI:2016, Encuesta intercensal 2015).

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Se calcula también, que de cada diez mujeres de mi edad, siete estaban Unidas (casadas o en unión libre), una permanecía soltera, y una más estuvo Unida alguna vez (divorciada, viuda o separada). Comparando con las de 12 años y más, el porcentaje de Unidas es más alto en mi generación y menor el porcentaje de las Nunca Unidas.

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Casi la mitad estaban empleadas (47.2%), y otra parte similar dedicada a los quehaceres del hogar. Algunas dijeron realizar algún tipo de actividad de carácter productivo, aunque no están propiamente empleadas, como atender su propio negocio o atender un negocio familiar, vender algún producto, criar animales o sembrar algo, o bien ofrecer algún servicio por un pago. El resto estaban jubiladas, pensionadas, no trabajaban o no especificaron su condición de actividad. Comparando con las mujeres de 12 años y más, existe mayor proporción de mujeres productivas en la generación del ‘73, y por ende, menor proporción de las dedicadas a los quehaceres del hogar o en otra condición.

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En 2009, ocho de cada diez tenían pareja o estuvieron Unidas, y se calcula que la edad promedio a la primera Unión fue a los 19 años. Sin embrago, entre las que no tuvieron instrucción, la edad promedio fue a los 15.8 años; 18.8 en las que contaban con algo de Primaria o Secundaria, y 21.3 en las que tenían educación Superior (Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010).

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Respecto a la maternidad, se estimó un promedio de 2.7 hijos por mujer en 2015, mayor al promedio nacional de 2.3. Pero, hay quienes nunca han tenido hijos (9.3%), otras solo han tenido uno (11%), otras dos (27.8%), y la mitad dijo tener tres o más (53%). No obstante, el tamaño de la descendencia decrece conforme aumenta la escolaridad. Con datos de 2009, se estima que de las mujeres que nunca fueron a la escuela, 2.4 % tienen un hijo, 11% dos, 22% tres y 65% más de tres. Pero a partir de las que cuentan al menos con algo de Primaria, los porcentajes empiezan a cambiar hacia una menor fecundidad: el porcentaje de mujeres que tienen un hijo varía de 7.4% en las que tienen al menos un grado de Primaria, a 11.4% en las que tienen Secundaria, y llega a 28.4% en las que alcanzaron educación Superior. El porcentaje de las que tienen dos hijos, aumenta a 27% en las que cuentan con algo de Primaria y alcanza a casi 46% en las que tienen educación Superior. Mientras que el porcentaje de mujeres con más de tres hijos se reduce de 38.7% en las que cuentan con Primaria, a 21.3% en las que tienen hasta Secundaria y a 5% en las que tienen educación Superior (Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010).

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La proporción de mujeres que trabajan disminuye conforme tienen mayor número de hijos, a la vez que la proporción de las dedicadas al hogar se aumenta, pero en todos los casos el porcentaje de las que trabajan es más alto en las de mi edad, comparando con el total de mujeres de 12 años y más.

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Las características sociales y económicas juegan un factor discriminante en la edad promedio a la primera Unión y en el número de hijos. Conforme el estrato mejora, aumenta dicha edad y el tamaño de la familia disminuye, constatando la fuerte asociación entre la escolaridad y el estrato socioeconómico de pertenencia con el inicio de la vida conyugal y la maternidad.

Edad promedio a la Primera Unión de las mujeres nacidas en 1973 según estrato socioeconómico

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Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010

Número promedio de hijos de las mujeres nacidas en 1973, según estrato socioeconómico de pertenencia

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Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010

En un pequeñísimo ejercicio “casero”, obtuve las Historias de Vida de 35 amigas contemporáneas en edad y entorno social. Casi todas Mujeres profesionistas. Cuatro de ellas aún no tienen hijos (12.5%), once tienen uno (31.4%), catorce han tenido dos (40.0%), dos tienen tres, dos tienen cuatro y dos tuvieron cinco. Actualmente la edad mediana a la primera unión es alrededor de los 20 años, y la edad promedio del nacimiento del primer hijo es a los 21 años, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica en México 2014. En la década de los noventa, – cuándo todas tuvimos que haber concluido nuestros estudios universitarios -, ambos indicadores correspondían a un año menos. No obstante, cuatro de ellas tuvieron su primer hijo antes de los 20 años, trece iniciaron su maternidad entre los 20 y los 29, y las otras catorce después de los 30 años. Las que han tenido mayor número de hijos son las que empezaron su maternidad en las edades más jóvenes – antes de los 27 años.

En términos demográficos, las chicas con mayor número de hijos (cuatro o cinco), tuvieron una fecundidad semejante a la de las jóvenes de una década anterior a su momento reproductivo, – en 1990 las mujeres tenían en promedio 3.4 hijos. En cambio las que han tenido entre uno y dos, han llegado a la tasa de reemplazo demográfico (2.1 hijos por mujer), e incluso han empezado a reemplazarse solo a sí mismas, pero ya no a su compañero, surgiendo un nuevo problema en las sociedades modernas.

El ejercicio pone de manifiesto las tendencias actuales de la transición demográfica: cada vez más mujeres están retrasando su edad a la maternidad por cumplir ciertos planes personales y profesionales que anteponen a la crianza de los hijos, aunque relacionado al estrato social de pertenencia; así como un menor tamaño de familia que las mujeres eligen a lo largo de su vida, latentes en la generación del ’73.

Si bien tener hijos o no tenerlos, así como el número de ellos, depende de muchos factores, circunstancias y decisiones, queda claro que para ciertos sectores, actualmente la maternidad empieza a concebirse “como un camino, más no un destino”, según dicen las Señoras feministas.

Mujeres entrevistadas nacidas en 1973 por edad al nacimiento del primer hijo y número de hijos, abril 2016 *

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*Agradezco la valiosa participación de quienes quisieron compartir sus historias de vida para este trabajo