DE LIBROS Y LECTORES. TENDENCIAS RECIENTES EN LOS HÁBITOS DE LECTURA DE LOS MEXICANOS

Act. Teresita E. Ruiz Pantoja

Mtra. En Demografía, CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

 

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LEER es una ventana que permite la percepción de muchas realidades, crea oportunidades de cambio y transforma sociedades. Se lee por gusto, por entretenimiento, por adquisición de conocimiento, por acceso a la información, por mantenerse al día o por ciertas obligaciones. La lectura, fortalece la imaginación, la ortografía, enriquece el vocabulario, relaja, ejercita la mente y refuerza las conexiones neuronales. No obstante, “en nuestro país la práctica de la lectura presenta niveles muy bajos. Se ha documentado constantemente que somos uno de los últimos lugares de la OCDE en ese rubro, y que hay un estancamiento de décadas en el promedio de libros que se leen per cápita de manera anual” (L. Fuentes:2015).

 

Con el fin de ofrecer información oportuna acerca de la actividad lectora de la población nacional, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática INEGI diseñó un Módulo de Lectura (MOLEC) que se levanta dentro de los hogares desde 2015 a personas de 18 años y más, con cinco objetivos específicos: i) indagar sobre  las características principales de la lectura de libros, revistas, periódicos, historietas y páginas de Internet, foros o blogs; ii) identificar particularidades de la lectura tales como: preferencia de soporte (impreso o digital), motivo principal por el cual se lee, modo de adquisición de los materiales, tipo de material y lugar de preferencia para leer; iii) conocer generalidades de la lectura en México, tales como: duración de la sesión, velocidad de la lectura y comprensión de la misma, de manera autopercibida; iv) conocer si la población realiza alguna otra actividad mientras lee y si realiza una mayor búsqueda de información derivado de la lectura que realiza; y v) identificar las condiciones favorables para estimular la práctica de la lectura. Su periodicidad fue cuatrimestral en 2015 y 2016; y a partir de 2017, una vez al año en el mes de febrero. El levantamiento se hace en 32 áreas urbanas de 100 mil habitantes o más.

Esta nota solo resume las tendencias recientes sobre los hábitos y las preferencias de la lectura de los materiales contemplados por el MOLEC entre hombres y mujeres, adultos jóvenes, adultos intermedios y adultos maduros, así como por niveles de escolaridad.

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De acuerdo a lo que reporta el INEGI, en términos porcentuales Leen más los hombres que las mujeres, y en mayor proporción los adultos jóvenes de ambos sexos  (18-34 años). A ellos, les gusta leer más el Periódico, así como materiales electrónicos o Historietas. Ellas prefieren más los Libros y las Revistas. La lectura de Libros y materiales electrónicos son más comunes en los de menor edad, pero el Periódico tiene mayor preferencia en los de edades intermedias y maduras (45 años en adelante). Ellos prefieren más las versiones digitales de Libros y Revistas, y ellas consultan más los Periódicos en versión electrónica en relación con los varones.

La variación de 2015 a 2017, revela que el hábito de lectura va teniendo una sensible pérdida de interés. El porcentaje de lectores regulares se contrajo de 73.6 a 65.5 por ciento. Lo que significa que en los últimos dos años, la proporción de adultos que no leen aumentó de un cuarto a un tercio, sin grandes diferencias entre hombres y mujeres.

En lo que se refiere solo a la lectura de Libros, el MOLEC de 2016 reportó que la población adulta de nuestro país lee en promedio 3.8 libros por año. Y léase nuevamente, el PROMEDIO, porque en ese año 43.2% de los entrevistados declararon no leer Libros. Así de los que leen, los hombres declaran un promedio de 4.3 libros por año, y 3.6 las mujeres. Cabe decir que no obstante la baja en el porcentaje de lectores en años recientes, la industria editorial muestra una producción constante en los últimos años. Entre 2011 y 2015 la producción editorial para el mercado abierto se ha mantenido cercana a los cien millones de ejemplares por año (según cifras de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana).

Los materiales más leídos son los Libros, Revistas y Periódicos, dejando muy por detrás a los que prefieren Historietas, tradicionalmente impresos en papel, aunque los materiales digitalizados han cobrado importancia recientemente. Los datos de 2017, señalan que 56.8% de los lectores leían Libros, 46.9% Revistas y 54.4% Periódicos, cifras que representan porcentajes más bajos que en 2015. En tanto que 52.4% informó dedicar tiempo a páginas de internet, foros o blogs, una población casi nueve puntos más que dos años antes.

La gente lee Libros y Revistas básicamente por entretenimiento, en tanto que los Periódicos se revisan más por cultura general. De cada diez lectores de Libros, cuatro lo hacen por la primera razón, poco más de dos por trabajo o estudio, otros dos por cultura general, y uno más por su religión. En lo referente a Revistas, seis de cada diez las revisan por entretenimiento, dos por cultura general y otra más por trabajo o estudio. Mientras que en el caso de los Periódicos, 65% dijo leerlos por cultura general, 32% por entretenimiento y 2.7 por trabajo o estudio.

La mayor actividad lectora, se percibe entre los jóvenes de 18 a 24 años de edad y los adultos entre 35 y 44 años. Los porcentajes de lectores de Libros son más altos entre los de 18 a 24 (especialmente en las mujeres) y en los de 25 a 34 años (particularmente los hombres). Los Periódicos se acostumbran más entre los adultos de 45 años en adelante, con mayor relevancia entre los varones. En el caso de las Revistas, alrededor del 40% de todas las edades las leen, con porcentajes más altos entre las mujeres a partir de los 45 años.

Un rezago inherente a la falta de interés por la lectura, es el grado de comprensión de lo que se lee. El módulo de la Prueba PISA de comprensión aplicada a estudiantes de 15 años en 2015, reveló que solo 0.3% de los jóvenes de esas edades tienen niveles de excelencia, lo que quiere decir que son capaces de entender planamente lo que leen y son aptos para localizar información en textos que no les son familiares ya sea en forma o en contenido, demuestran una comprensión pormenorizada, e infieren qué información es relevante para la tarea. También son capaces de evaluar críticamente dichos textos y construir hipótesis acerca de ellos, utilizando conocimientos especializados y acomodando conceptos que pueden ser contrarios a lo esperado ((Niveles 5 y 6 de la prueba). Mientras que 42% de los estudiantes se encuentran por debajo del Nivel 2 considerado como el nivel de competencia desde el cual los estudiantes comienzan a demostrar las habilidades lectora que les permitirá participar efectivamente y productivamente en la sociedad moderna (https://www.oecd.org/pisa/PISA-2015-Mexico-ESP.pdf)

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La tendencia sobre los formatos digitales y el uso de equipos electrónicos, en el caso de los Libros se percibe en que el porcentaje de usuarios de libros impresos es cercano al 86% en 2015 y 2017, pero la proporción de quienes los prefieren en formato digital casi se duplicó: 5.1 frente a 10.1%. En cuanto a los Periódicos, el porcentaje de personas que los leen en papel cayó de 95 a 91.6%, al tiempo que el formato digital aumentó de 3.6 puntos, ubicándose en  7.5%.

Cabe la posibilidad de que los cambios hacia la tecnología electrónica, en quiénes tienen acceso a ella, obedece a criterios ecológicos sobre la reducción en el uso del papel y las tintas, más no se tiene esa certeza, y solo puede representar una costumbre de moda con las tabletas, iPod, y celulares de nueva generación, que incluyen servicios de alertas informativas de las noticias del mundo.

La preferencia por los libros, responde de manera directa al nivel educativo de los lectores: a mayor escolaridad mayor porcentaje de adultos que los buscan. Los lectores que combinan los Libros con otro material de lectura suman el 70% entre los que cuentan con al menos un grado de instrucción superior, contrastando con 4/10 entre los de educación básica o algo de educación media, y 2/10 sin educación básica terminada.  Los lectores que no incluyen Libros dentro de sus preferencias ascienden a 63% en los que no terminaron la instrucción básica, a 49% entre los que alcanzaron al menos algo de educación media, y solo 24% en los de mayor instrucción.

 


CONSULTAS

“Urge Graue a reforzar hábito de la lectura en México”, en La Jornada en Línea. 16 de marzo de 2017. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/03/16/urge-graue-a-reforzar-habito-de-la-lectura-en-mexico

Mario Luis Fuentes (2015), México social: un país sin libros ni lectores, en Excelsior, 26 de mayo de 2015  http://www.excelsior.com.mx/nacional/2015/05/26/1026048

OCDE, Nota país. Programa para la evaluación internacional de alumnos, PISA 2015. Resultados

 

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LAS HIJAS DE LA REVOLUCIÓN: LAS ABUELAS QUE REPOBLARON EL PAÍS DESPUÉS DE LA GUERRA ARMADA

Act. Teresita E. Ruiz Pantoja

Mtra. en Demografía. CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

En el Censo de 2010 se contabilizaron 147.9 mil mujeres nacidas entre 1910 y 1920, las HIJAS DE LA REVOLUCIÓN. Representaban 0.3% de la población nacional. 28% de ellas vivían en localidades rurales y seis de cada diez en ciudades. Más de la mitad sabían leer y escribir, y casi el 46% eran analfabetas. De las que habían asistido a la escuela, 88.5% contaba con educación Básica (57.7% Primaria incompleta, 31.1% Primaria completa, 5.9% Secundaria completa, 1% Secundaria incompleta y 2.3% estudios técnicos con Primaria terminada); cinco de cada cien tenían educación Media Superior, y otras cinco educación Superior; mientras que 1.6% no especificaron (INEGI: 2011).

En 1910, México contaba con una población cercana a los 15.2 millones de personas (7.5 millones de hombres y 7.7 millones de mujeres), con una composición etarea sumamente joven, 42% era población menor de 15 años, y los más viejos representaban a penas el 2% (Mendoza: 2010).  “La Revolución de 1910 significó una ruptura en la organización de la sociedad y constituyó un punto de partida de una nueva experiencia en el comportamiento de la población. Durante el periodo de lucha armada y de máxima violencia revolucionaria, 1910-1920, no sólo se detuvo el crecimiento de la población (disminución de los nacimiento), sino que ésta declinó en su número a consecuencia tanto de las muertes que dejó la guerra, como por el elevado número de defunciones ocasionadas por enfermedades infecciosas y parasitarias: la influenza española, brotes de tifo, meningitis, fiebre tifoidea y sarampión, por mencionar algunas (que debido a la escasa infraestructura médica se convertían en epidemias); y el volumen de población que en ese lapso emigró temporal o definitivamente a los Estados Unidos”(ibid). Hacia 1921 el número.de habitantes se contó en 14.3 millones (7.0 millones de hombres y 7.3 millones de mujeres); casi un millón menos que al estallido del conflicto.

Las Tasas de Natalidad se contrajeron en todo el periodo. Entre 1910-1914 nacieron 43.2 niños por cada mil habitantes, disminuyendo a 40.6 entre 1915-1919. Antes de esos años las tasas de natalidad variaban alrededor de los 46 nacimientos, y una vez vuelta la paz al país, tomó niveles de 45.3 en los primeros años (1920-1924). Respecto a la Mortalidad, antes del conflicto se estimaban Tasas alrededor de 33 personas por cada mil habitantes. Entre 1910-1914, se calcula que morían cerca de 46.6 personas por cada mil, aumentando a 48.3 de 1915-1919. En los primeros años pos-revolucionarios la mortalidad descendió a 28.4 (Alba: 1974).

De acuerdo con el Censo de 1921, para ese año habían cerca de 1.8 millones de niñas nacidas durante la Revolución Mexicana[1]. Se estima, que la Esperanza de Vida al nacer en 1910 para la población femenina era de 27.9 años, valor que aumentó a 34.7 años en 1920 (Zavala: 1992). Crecieron en un México en reconstrucción, predominantemente rural, pero en aras de alcanzar un crecimiento económico y estabilidad política que se traduciría en una serie de transformaciones educativas, sanitarias, y económicas que cambiarían las condiciones de salud, sobrevivencia y educación, de las generaciones futuras.

A partir de 1940, “la medicina moderna y los programas de salud pública empezaron a cobrar importancia. Se organizaron campañas de vacunación, de higiene pública, de prevención de enfermedades infecciosas, de erradicación del paludismo y la tuberculosis. Se construyeron redes  de agua potable y alcantarillado, centros de salud, clínicas y hospitales” (Zavala: 1992). La reducción de la mortalidad derivada de esas acciones, especialmente en los más pequeños, aumentó el promedio de hijos vivos por mujer, detonando el primer baby-boom del siglo XX. “Después de 1930 la mejoría en los sistemas de salud tuvo como consecuencia una elevación en las tasas de fecundidad. No solo las mujeres sobrevivían más a los embarazos y a los partos, además de ser más fértiles (al vivir en mejores condiciones de salud y atención médica), sino que además sus cónyuges tenían mayor sobrevivencia” (ibid), habiendo menos viudas y matrimonios más largos.

“Las mujeres nacidas antes de 1936, registraron una nupcialidad elevada y precoz, además de no llevar prácticas anticonceptivas. La fecundidad de las unidas antes de los 20 años era de alrededor de 8.4 hijos. En las localidades rurales la nupcialidad era más precoz que en el promedio nacional, con mayor proporción de mujeres casadas antes de los 20 años” (ibid).

En 1940, las Hijas de la Revolución, tenían entre 20 y 30 años. 56.4% estaban Unidas, 29.3% permanecían Solteras, 13.6% eran Viudas y 0.5% Divorciadas, aunque con datos censales de 1960 y 1970, se estima que solo 7.5% de esas mujeres estaban solteras alrededor de los 50 años de edad. El promedio de hijos nacidos vivos de estas mujeres en medios rurales fue de 5.7 y de 4.4 en ciudades. Pero se vislumbran serias diferencias matizadas por el nivel educativo. Por ejemplo, de las mujeres nacidas entre 1915-1919, las que no recibieron instrucción tenían alrededor de 5.9 hijos, las que tuvieron Primaria incompleta 5.02, con Primaria completa 4.7, con algo de Secundaria o Preparatoria 2.9, y con estudios Universitarios 3.2 (Alba: 1974). Este hecho se traduce en que las mujeres de las ciudades (básicamente) empezaron a usar tecnología anticonceptiva aún cuándo el resto no la habían incorporado a su vida sexual.

Estas mujeres no limitaban sus embarazos, y la probabilidad de seguir teniendo hijos permanecía elevada aún después de tener el sexto. La probabilidad de convertirse en madres fue cercana al 92%, y una vez alcanzada la maternidad, las probabilidades de tener al segundo, tercero o cuarto hijo estaban próximas al 90 por ciento. A partir del hijo de orden cinco las posibilidades de agrandamiento de la familia empezaba a descender, no obstante seguían siendo altas: por arriba del 80% hasta el séptimo, mayor al 70% entre el octavo y el noveno, y casi del 70% entre el décimo y el onceavo (Zavala citada por Alba: 1974, pág. 20). Cabe decir que las probabilidades de agrandamiento de la familia en medios rurales eran más altas que en las ciudades, reflejo sin duda del escaso o nulo control de la natalidad.

Para 1970, año en que las Hijas de la Revolución habían terminado su vida reproductiva, y las hijas de éstas y sus nietas (quizá) ya habían iniciado la suya, nuestro país sumaba una población total de 48.2 millones de habitantes. Suponiendo que la mayoría de ellas empezaron a ser madres entre los 15 y los 25 años de edad, se puede asumir que 82% de la población total era la descendencia heredada por las Abuelas que repoblaron al país, – salvo los que vinieron de otros países -.

Una experiencia muy cercana

Aún cuándo la esperanza de vida al nacimiento para las Hijas de la Revolución fue menor a los 35 años, en 1970 se contaron un millón 112 mil mujeres nacidas entre 1910 y 1920. Cifra que se contrajo a 746 mil en el Censo de 1990, y a menos de 150 mil en el de 2010. Yo conocí a Dolores Pantoja, nacida en 1917, una mujer que vivió por 98 años. Mi Tía-abuela. Libró los brotes de epidemias y enfermedades durante su infancia, y luego las consecuencias no deseadas de la maternidad en su juventud. Además de sobrevivir varios años más que su compañero de vida, haciendo caso a lo que dicta la demografía: las mujeres viven más que los hombres. Casada a los 20 años, se convirtió en madre al cumplir los 21. Le sobrevivieron 10 hijos, aunque a mí me contó que tuvo 18. El último de ellos llegó en su cumpleaños 55. Una mujer fuerte, alegre, y cariñosa, que desafió a las condiciones adversas de su tiempo y su espacio.

Consultas

Alba H. Francisco (comp.) (1974), La población de México. Centro de Estudios Económicos y Demográficos, COLMEX.

Mendoza García Ma Eulalia y Graciela Tapia Colocia (2010), Situación Demográfica de México 1910-2010, en La situación demográfica 2010, CONAPO

Zavala de Cosío María Eugenia (1992), Los antecedentes de la transición demográfica en México

[1] Dirección General de Estadística

EN EL FESTEJO DEL DÍA DEL PADRE: NO SE CONOCEN CIFRAS DE LA FECUNDIDAD MASCULINA. LAS DESVENTURAS EN SU ESTIMACIÓN

Act. Teresita E. Ruiz Pantoja
Mtra. en Demografía
CRIM-UNAM
teruizp@gmail.com

Sobre la maternidad, se sabe que alrededor de 32 millones 744 mil mujeres de 12 años y más eran madres en 2015, con 2.3 hijos en promedio, y se ha calculado la edad al primer hijo, es cercana a los 20 años. Las mujeres en ciudades tienen en promedio menor número de hijos, que aquellas de medios no urbanos (2.3 frente a 2.8), y que a mayor escolaridad, menor número de hijos: 3.3 entre las que no tienen escolaridad y 1.8 hijos por mujer entre las que tienen educación Media Superior o Superior (ENADID 2014 y Encuesta Intercensal 2015, INEGI).

Sin embargo, saber cuántos Padres hay en México, es una tarea titánica y pendiente de calcular. No existen cuestionarios diseñados para saber de forma directa acerca de la fecundidad masculina: cuántos varones tienen hijos, el promedio de hijos por varón, y la edad promedio a la que se convierten en padres (como en el caso de las mujeres). No obstante en la academia siempre ha estado latente la intención de estimar las Cifras, valiéndose de métodos indirectos, así como de otras fuentes no propiamente demográficas – las estadísticas del IMSS o del Registro Civil, por ejemplo -.

En una entrevista a la Dra. Olga Rojas, investigadora del COLMEX en junio de 2013, comentó que para ese año “se calculaba que la edad a la que los hombres tienen su primer hijo es cercana a los 25 años; y que en los entornos rurales, el primer hijo llega dentro de los primeros meses de la unión, en tanto que en las ciudades puede tardar hasta algunos años” (revista Expansión).

El hecho de no conocer las cifras de la fecundidad masculina no es una carencia puramente de interés por generar estadísticas, el problema conlleva un telón de fondo difícil de superar, – las mujeres siempre sabremos cuántos hijos parimos, pero los hombres pueden no saber cuántos hijos engendraron o no reconocerlo.

En el conocimiento de esta situación, quise aprovechar la fuente de información demográfica más reciente que se tiene y caí en la tentación de darme a la tarea de hacer un Ejercicio (muy burdo) que me permitiera Estimar el número de hombres que tenían hijos hasta marzo de 2015, y sus características sociodemográficas Básicas y así saber cuántos hombres en  México, festejaron el día del padre (más menos un margen de error).

La Encuesta Intercensal 2015, pregunta acerca del lugar de residencia del padre de todos los  miembros del hogar – misma vivienda o fuera de ésta – y capta información para todos los residentes en la vivienda.

El reto no es fácil y me enfrentó a reconocer que dar un dato del número de padres en nuestro país en este momento, sería muy aventurado e irresponsable. Al no haber una pregunta directa hacia los varones referente a que si han sido padres, la construcción del Dato debe ser cuidadosamente diseñada, ya que requiere de un minucioso tratado de los arreglos familiares que ocurren dentro de los hogares, dónde se sabe que en una misma vivienda pueden corresidir no solo los hijos con sus padres (hogares nucleares), sino también suegros(as), abuelos (as), cuñados(as) sobrinos(as) o personas con otro parentesco (hogares expandidos), que multiplican la tarea del investigador, al tener que identificar a los varones que son padres de esas otras personas, cuidando de no caer en errores de omisión o duplicación de la información. Sin embargo, aún cuándo se cuide de identificar a los padres que no corresponden al jefe del hogar o a su cónyuge, el dato seguirá siendo aproximado, ya que hay varones con más de una familia que no son visibles para la fuente de información.

Con todas esas implicaciones, estimé que dentro de los 31 millones 949 mil 709 hogares que habían en el país en 2015, residían 17 millones 957 mil 111 padres, donde nueve de cada diez, eran jefes del hogar. Resta por estimar el número de papás que no residen en la misma vivienda que sus hijos, como parte de otros arreglos familiares, y cuyo cálculo hará conocer el universo completo – quiero imaginar que la cifra total debe andar muy cercana a los treintaitantos millones de varones.

De los padres de familia jefes del hogar, se calcula que cada uno tiene en promedio 2.1 hijos. 65% tenían entre 30 y 54 años de edad, casi 12% tienen menos de 30 años, y un 17% entre 55 y 69 años. Cinco de cada cien no tienen escolaridad, 30% cuentan con Primaria, 28% con Secundaria, 19% con Bachillerato o estudios técnicos, 14% cuentan con Licenciatura, y 2.5% con algún posgrado. El 83% tenía trabajó, 5.1% era jubilado o pensionado, 7.2% no trabajó y el resto está en otra situación.

En un inicio se presume que el perfil que presentan estos padres jefes de hogar, no debe alejarse mucho del que presentan el total de varones que han pasado por la paternidad: tienen en promedio casi el mismo número de hijos que las mujeres; se concentran en las edades adultas jóvenes; son de escolaridad predominantemente básica, y la mayoría se encuentran trabajando.

 

Consultas

INEGI (2015), Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica, ENADID 2014. Consulta en línea

INEGI (2016), Encuesta Intercensal 2015. Base de datos de la Muestra y Consulta en línea de Principales Resultados.

La identidad de los padres mexicanos, “invisible” para las estadísticas, en Expansión en Alianza con CNN Noticias, 16 de junio de 2013. http://expansion.mx/salud/2013/06/16/la-identidad-de-los-padres-mexicanos-invisible-para-las-estadisticas

YO TAMBIEN NACÍ EN EL ’73.. HISTORIAS DE VIDA DE MUJERES

Act. Teresita Ruiz Pantoja

Mtra. en Demografía

CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

Las mujeres que nacimos en 1973, estamos transitando por nuestra cuarta década de vida. Estamos en plenitud, aún somos fuertes y gozamos de buena salud. Somos independientes y responsables de nosotras mismas. Algunas además tenemos el compromiso de criar hijos. Y estoy segura que todas tenemos un cierto plan de vida que estamos cumpliendo.

A esta edad, nuestras Historias giran en torno a tres grandes ejes: nuestro nivel educativo (asociado a nuestra ocupación), estado conyugal y la maternidad. Cada una tiene historias de vida diferentes, pero en conjunto compartimos eventos de una misma generación.

En 2015, 966 mil mujeres cumplimos 42 años, – 1.6% de la población femenina nacional, calculada en 61.5 millones. Por cada cien, cuatro no tenían escolaridad, 27 contaban con algún grado de Primaria, 31 con algún grado de Secundaria, 18 cursaron el Bachillerato y 19 alcanzaron la educación Superior. Tomando como referencia al total de mujeres de 15 años y más, la proporción de las que no tienen escolaridad es más baja en la generación del ‘73, así como las que cuentan con educación Media Superior; mientras que el porcentaje de mujeres con algún grado de Secundaria es más alto que en las de 15 años o más; observándose proporciones similares de las que cuentan con Educación Superior en ambos grupos (INEGI:2016, Encuesta intercensal 2015).

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Se calcula también, que de cada diez mujeres de mi edad, siete estaban Unidas (casadas o en unión libre), una permanecía soltera, y una más estuvo Unida alguna vez (divorciada, viuda o separada). Comparando con las de 12 años y más, el porcentaje de Unidas es más alto en mi generación y menor el porcentaje de las Nunca Unidas.

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Casi la mitad estaban empleadas (47.2%), y otra parte similar dedicada a los quehaceres del hogar. Algunas dijeron realizar algún tipo de actividad de carácter productivo, aunque no están propiamente empleadas, como atender su propio negocio o atender un negocio familiar, vender algún producto, criar animales o sembrar algo, o bien ofrecer algún servicio por un pago. El resto estaban jubiladas, pensionadas, no trabajaban o no especificaron su condición de actividad. Comparando con las mujeres de 12 años y más, existe mayor proporción de mujeres productivas en la generación del ‘73, y por ende, menor proporción de las dedicadas a los quehaceres del hogar o en otra condición.

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En 2009, ocho de cada diez tenían pareja o estuvieron Unidas, y se calcula que la edad promedio a la primera Unión fue a los 19 años. Sin embrago, entre las que no tuvieron instrucción, la edad promedio fue a los 15.8 años; 18.8 en las que contaban con algo de Primaria o Secundaria, y 21.3 en las que tenían educación Superior (Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010).

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Respecto a la maternidad, se estimó un promedio de 2.7 hijos por mujer en 2015, mayor al promedio nacional de 2.3. Pero, hay quienes nunca han tenido hijos (9.3%), otras solo han tenido uno (11%), otras dos (27.8%), y la mitad dijo tener tres o más (53%). No obstante, el tamaño de la descendencia decrece conforme aumenta la escolaridad. Con datos de 2009, se estima que de las mujeres que nunca fueron a la escuela, 2.4 % tienen un hijo, 11% dos, 22% tres y 65% más de tres. Pero a partir de las que cuentan al menos con algo de Primaria, los porcentajes empiezan a cambiar hacia una menor fecundidad: el porcentaje de mujeres que tienen un hijo varía de 7.4% en las que tienen al menos un grado de Primaria, a 11.4% en las que tienen Secundaria, y llega a 28.4% en las que alcanzaron educación Superior. El porcentaje de las que tienen dos hijos, aumenta a 27% en las que cuentan con algo de Primaria y alcanza a casi 46% en las que tienen educación Superior. Mientras que el porcentaje de mujeres con más de tres hijos se reduce de 38.7% en las que cuentan con Primaria, a 21.3% en las que tienen hasta Secundaria y a 5% en las que tienen educación Superior (Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010).

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La proporción de mujeres que trabajan disminuye conforme tienen mayor número de hijos, a la vez que la proporción de las dedicadas al hogar se aumenta, pero en todos los casos el porcentaje de las que trabajan es más alto en las de mi edad, comparando con el total de mujeres de 12 años y más.

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Las características sociales y económicas juegan un factor discriminante en la edad promedio a la primera Unión y en el número de hijos. Conforme el estrato mejora, aumenta dicha edad y el tamaño de la familia disminuye, constatando la fuerte asociación entre la escolaridad y el estrato socioeconómico de pertenencia con el inicio de la vida conyugal y la maternidad.

Edad promedio a la Primera Unión de las mujeres nacidas en 1973 según estrato socioeconómico

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Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010

Número promedio de hijos de las mujeres nacidas en 1973, según estrato socioeconómico de pertenencia

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Estimaciones propias con base en la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2009, INEGI:2010

En un pequeñísimo ejercicio “casero”, obtuve las Historias de Vida de 35 amigas contemporáneas en edad y entorno social. Casi todas Mujeres profesionistas. Cuatro de ellas aún no tienen hijos (12.5%), once tienen uno (31.4%), catorce han tenido dos (40.0%), dos tienen tres, dos tienen cuatro y dos tuvieron cinco. Actualmente la edad mediana a la primera unión es alrededor de los 20 años, y la edad promedio del nacimiento del primer hijo es a los 21 años, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica en México 2014. En la década de los noventa, – cuándo todas tuvimos que haber concluido nuestros estudios universitarios -, ambos indicadores correspondían a un año menos. No obstante, cuatro de ellas tuvieron su primer hijo antes de los 20 años, trece iniciaron su maternidad entre los 20 y los 29, y las otras catorce después de los 30 años. Las que han tenido mayor número de hijos son las que empezaron su maternidad en las edades más jóvenes – antes de los 27 años.

En términos demográficos, las chicas con mayor número de hijos (cuatro o cinco), tuvieron una fecundidad semejante a la de las jóvenes de una década anterior a su momento reproductivo, – en 1990 las mujeres tenían en promedio 3.4 hijos. En cambio las que han tenido entre uno y dos, han llegado a la tasa de reemplazo demográfico (2.1 hijos por mujer), e incluso han empezado a reemplazarse solo a sí mismas, pero ya no a su compañero, surgiendo un nuevo problema en las sociedades modernas.

El ejercicio pone de manifiesto las tendencias actuales de la transición demográfica: cada vez más mujeres están retrasando su edad a la maternidad por cumplir ciertos planes personales y profesionales que anteponen a la crianza de los hijos, aunque relacionado al estrato social de pertenencia; así como un menor tamaño de familia que las mujeres eligen a lo largo de su vida, latentes en la generación del ’73.

Si bien tener hijos o no tenerlos, así como el número de ellos, depende de muchos factores, circunstancias y decisiones, queda claro que para ciertos sectores, actualmente la maternidad empieza a concebirse “como un camino, más no un destino”, según dicen las Señoras feministas.

Mujeres entrevistadas nacidas en 1973 por edad al nacimiento del primer hijo y número de hijos, abril 2016 *

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*Agradezco la valiosa participación de quienes quisieron compartir sus historias de vida para este trabajo

EL ESTADO DE LA POBLACIÓN INFANTIL EN MÉXICO. ALGUNAS CARACTERÍSTICAS SOCIALES Y DEMOGRÁFICAS

Act. Teresita E. Ruiz P.

Maestra en Demografía

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De acuerdo con el último Conteo de Población del INEGI, en 2015 nuestro país contaba con unos 119.5 millones de personas, y de éstos, poco más de la cuarta parte eran niños menores de 15 años, 27.4% equivalentes a 32.7 millones. La mitad de esa población infantil eran varones. El grupo de 0-4 años de edad representan 8.8% de la población nacional, mientras que los de 5-9 y de 10-14 concentran 9.2 y 9.4 por ciento[1].

Cuatro de cada diez niños vivían en ciudades de más de un millón de habitantes, una cuarta parte en localidades rurales, 16% en ciudades pequeñas o de tamaño medio, y el resto en comunidades con características semiurbanas.

Alrededor de ocho de cada diez eran beneficiarios de algún sistema de salud: 81% de los más pequeños y 85% de los de 5 años y más. Preocupando aquellos que permanecen vulnerables ante cualquier contingencia que pueda poner en riesgo su salud.

De los niños de 3 a 14 años, 5.7% hablaban alguna lengua indígena, ubicados principalmente en comunidades rurales (77%) y en localidades semiurbanas (17%); 3.2% vivían en las grandes ciudades y 2% en ciudades medianas y pequeñas.

La esperanza de vida al nacer de 2001 (año en que nacieron los niños de mayor edad) a 2015 aumentó en 1.7 años al pasar de 73.2 a 74.9, aunque siempre más alta para las niñas: en 2001, una pequeña que nacía podría vivir en promedio 76.1 años, en cambio los varones podían vivir alrededor de 70.5 años. Para 2015 la esperanza de vida al nacimiento de las niñas aumentó a 77.7 años y la de los niños a 72.3[2].

Para aquel año se estimaba que por cada 1000 nacidos vivos morían 13.2 niños antes de cumplir su primer año de vida y 10.8 niñas, lo que se conoce como Tasa de Mortalidad Infantil (INEGI:2016 [3]). Las principales causas de mortalidad a esas edades fueron las afecciones originadas en el periodo perinatal (49.6%), malformaciones congénitas, deformidades y anomalías cromosómicas (25.5%), y ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias (3.9%) (INEGI: Estadísticas de Mortalidad).

Con Estadísticas Vitales, se calcula que por cada cien mil niños de 1 a 4 años, mueren 62. Por cada cien mil niños de 5-9, mueren 22; y por cada cien mil niños de 10 a 14 años, mueren alrededor de 55. Se presume que en las primeras edades tienen mayor peso las muertes no violentas, es decir las derivadas de enfermedades y padecimientos congénitos. En tanto que en los de mayor edad, cobran importancia las que se desprenden de algún hecho violento: en los niños de 5 a 9 años, las muertes violentas representaban 28.3% de las muertes totales, en cambio en los de 10-14, éstas respondían al 38 por ciento (Estimaciones propias a partir de las Estadísticas de Mortalidad del INEGI).

La población en edad escolar, de 6 a 14 años, sumaban unos 20 millones de niños. Alrededor del 97% asistían a la escuela, aunque en los de 13 y 14 años, el porcentaje disminuye a 94 y 90% respectivamente. En comunidades pequeñas la asistencia a la escuela es menor al promedio nacional, mientras que en las ciudades de mayor tamaño el porcentaje alcanza al 98%. Y es mayor la proporción de varones que asisten, comparada con la de las niñas.

87.5% sabían leer y escribir, 8.3% eran analfabetas, y el resto no especificó su condición de alfabetismo. En comunidades pequeñas el porcentaje de analfabetas alcanza a 11.8% y la asistencia a la escuela es menor al promedio nacional, mientras que en las ciudades de mayor tamaño el porcentaje de los que no saben leer ni escribir es más bajo (6.4%) y la asistencia a la escuela alcanza al 98 de cada niños en esas edades. Siendo mayor la proporción de varones que asisten, comparada con la de las niñas (Cuadro 1).

El rezago educativo, medido como el porcentaje de población de 12 a 14 años de edad que no cuentan con Educación Básica (hasta Secundaria), es relativamente bajo. Menos del 1% no tenían escolaridad. De los que cursaron la Educación Básica, 49.6% de los niños y 46.8% de las niñas contaban con Primaria; mientras que 50.2% de los niños y 53% de las niñas habían cursado al menos un grado de Secundaria. Esto habla de una mayor permanencia escolar de las niñas una vez que tienen acceso a la educación. Sin embargo no debe perderse de vista que el nivel escolar está asociado al lugar de residencia. En comunidades rurales los porcentajes de niños/niñas con Primaria varían alrededor del 52% mientras que en las grandes ciudades se encuentra alrededor del 45%; en tanto que los porcentajes de niños/niñas con algún grado de Secundaria varían alrededor del 47% en zonas rurales, pero alcanza al 54% en las ciudades de más de un millón de habitantes (Cuadro 2).

De la población entre los de 12 a 14 años, 6.8 millones de niños, 98.5% estaban solteros, menos del 1% estaban Unidos – aunque es más alta la proporción de niñas (0.7%) que de niños (0.2%) -, y una mínima parte habían estado Unidos. Tres por ciento era población económicamente activa – trabajaban o buscaban trabajo – mientras que el otro 96.5% estaban inactivos, dedicados particularmente a estudiar (9 de cada 10) y a los quehaceres del hogar 2.3%.

De acuerdo con una investigación de 2015, “alrededor de 1.2 millones de niños de entre 5 y 14 años de edad, trabajaban. El 13.1% tenían jornadas de más de 34 horas a la semana y 16.7% sin horario regular de trabajo; 5.9% trabajaban en lugares inapropiados y 21.4% estaban expuestos a riesgos. Seis de cada diez no recibían pago por su trabajo y de los que sí, 82.1% ganaba hasta un salario mínimo, 15.4% más de uno y hasta dos salarios mínimos y solo 2.5% más de dos. Seis de cada diez trabajaron con un familiar; 22.5% lo hacía para ayudar a su familia, 23.3% para solventar en algo sus estudios, y 8.7% porque su casa necesitaba de su aportación económica”. (http://noticieros.televisa.com/mexico/1505/ninos-representan-33-6-poblacion-mexico/)

Entre estas edades, los niños/niñas participan de manera activa en las labores domésticas. La mitad de los varones y casi siete de cada diez niñas, declaró realizar algún trabajo no remunerado independientemente de su condición de ocupación. De ese subuniverso, de cada diez niños, ocho realizó quehaceres del hogar (limpiar, lavar/planchar ropa), 38.7% preparó o sirvió alimentos para su familia, 45% hizo compras para la comida o la limpieza y casi 22% atendió a otros niños menores de 14 años. En el caso de las niñas, la participación es mayor en todos los casos, en respuesta a roles de género que aún persisten en sociedades como la nuestra. De cada diez niñas, nueve se ocupó de quehaceres como limpiar y lavar/planchar ropa, 58% preparó o sirvió alimentos para su familia, 45% hizo compras para la comida o la limpieza, y 25% cuido o atendió a otros menores.

“La Unicef estima que en México, el 62% de los niños y niñas han sufrido maltrato en algún momento de su vida. Uno de cada diez estudiantes ha padecido algún tipo de agresión física en la escuela. 5.5% ha sido víctima de violencia de sexual y un 16.6% de violencia emocional”. (Revista Forbes: 2013). Así también, un informe de la OCDE coloca a México en el primer lugar en cuanto a violencia física, abuso sexual y homicidios de menores de 14 años, entre los 33 países que pertenecen a ese organismo.

Otros dos problemas alarmantes del estado de la Infancia en México son la Pornografía y el Abuso Sexual Infantil. De acuerdo con datos del Senado de la República, en 2013 se detectaron en el país más de 12 mil cuentas personales en internet (cifra que se ha ido incrementando), donde se exhiben imágenes de explotación sexual a menores de edad, cuyas edades oscilan de los 4 a 16 años. En el mismo sentido, se estima que cada año 20 mil niños, niñas y adolescentes son víctimas de la explotación sexual, 85 mil son usados en actos de pornografía y en 21 de las 32 entidades del país existe turismo sexual, según un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre trata de personas. (Sotelo: 2015).

El artículo de la Revista Forbes concluye que si bien “ nuestro país ha logrado mejorar sus índices en el acceso a la educación básica, los problemas más grandes a los que se enfrentan los niños, niñas y adolescentes son la situación de pobreza extrema, mortalidad infantil y materna en comunidades marginadas, inequidad por ingreso, origen étnico y género”.

 

cuadro 1

 

cuadro 2

[1] INEGI (2016) Encuesta Intercensal 2015

[2] 2000: CONAPO. Estimaciones de la Población de México 1990-2010.

2010: CONAPO. Proyecciones de la Población de México 2010-2050.

[3] CONAPO. Proyecciones de la Población de México 2010-2050.

http://www.conapo.gob.mx/work/models/CONAPO/Proyecciones/2010_2050/RepublicaMexicana.xlsx (Consulta: 26 de enero de 2016).

 

 

Desigualdad en el Ingreso de los Hogares y pobreza en México

Act. Teresita Ruiz Pantoja

Mtra. en Demografía

CRIM-UNAM

teruizp@gmail.com

En esta ocasión quiero hablar de la Desigualdad del Ingreso de los hogares en México dividiendo la reflexión en dos apartados. En el primero, se presenta un resumen del Artículo publicado en la Revista Este País en abril de 2012 “La distribución del ingreso en México”, donde se hace un amplio análisis del tema. En la segunda parte se muestra con datos del INEGI cómo varió la desigualdad del ingreso en los hogares mexicanos por entidad federativa en 2012, y su asociación con los datos de pobreza.

[“…México es una nación con mucha riqueza. Ocupó el décimo tercer lugar en la lista de los países con mayor Producto Interno Bruto en 2010 con un billón de dólares. México tiene además, cuatro millonarios en la lista de los 100 hombres más ricos del mundo de la revista Forbes. De acuerdo con esta investigación, se ubicó en el lugar 21 en la lista de países con mayor número de personas “muy ricas”, con 114 mil 997 adultos que —en 2010— contaban con una riqueza mayor a un millón de dólares, lo que lo sitúa por arriba de Dinamarca, Finlandia y Hong Kong.

No obstante esos datos, de acuerdo con el CONEVAL[1] 81% de la población en 2010 eran pobres o vulnerables, es decir tenía una o más carencias sociales. El CONEVAL mide la pobreza de manera multidimensional, a partir de seis indicadores de carencia social: alimentación, educación, salud, seguridad social, calidad de la vivienda y servicios básicos en la vivienda. La población pobre o vulnerable en México tuvo, en promedio, 2.3 carencias sociales. Analizando con mayor detalle la alimentación de acuerdo con el CONEVAL, 25% de la población tuvo en 2010 inseguridad alimentaria, es decir, sufrió falta de alimento o tuvo poco alimento y de baja calidad, y por lo tanto llegó a experimentar hambre. Si se asume que la población con inseguridad alimentaria, no logra cubrir las necesidades energéticas mínimas y, por tanto, está desnutrida, México ocuparía el séptimo lugar con mayor número de personas con hambre en el mundo y el lugar número 27 en cuanto al porcentaje de personas que sufre este flagelo, empatado con Botswana, Camboya, Madagascar y Pakistán.

A partir de 1983 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) ha levantado la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), sin embargo preguntar a las familias sobre su ingreso no es una tarea sencilla. Muchas de ellas, en especial las de los sectores más altos, no divulgan el monto de sus percepciones por temor a las autoridades hacendarias o por seguridad personal. Por ello, es muy probable que las encuestas que miden el ingreso familiar tengan un subregistro, y se declaren menos ingresos de los que realmente se perciben.

De acuerdo con los resultados de la ENIGH de 2010, el promedio de ingreso mensual por familia en México era de 12 mil 163 pesos. Si se distribuye a todas las familias mexicanas en 10 grupos iguales, ordenadas según su ingreso desde las que menos percibieron hasta las que más percibieron —lo que se conoce como “ordenar por deciles”—, el 10% más pobre, es decir el primer decil, tuvo una percepción media de 2 mil 149 pesos mensuales. En el otro extremo, el 10% de las familias más ricas —el decil más alto— tuvo una percepción promedio de 41 mil 927 pesos mensuales, casi 20 veces más que los más pobres. Entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el que revela la mayor distancia entre las familias que menos ganan y las que más ganan, por arriba de Chile, Israel, Turquía y Estados Unidos.

Al dividir al 10% de las familias más ricas en 10 grupos de igual tamaño, el 1% de las familias más ricas del país, poco más de 290 mil, tuvieron en 2010 un ingreso mensual de 101 mil 217 pesos, esto es, 47 veces más que el 10% más pobre. Entonces, si se corrige el ingreso declarado en las familias de la ENIGH, por medio del Sistema de Cuentas Nacionales, bajo el supuesto de que el subregistro depende del nivel de ingreso, la desigualdad aumenta. El ingreso del 10% de las familias más ricas crece de 41 mil 927 a 141 mil 100 pesos mensuales, lo que representa 66 veces más que el del 10% más pobre; y el ingreso del 1% más rico, es decir las 290 mil 613 familias más ricas de México, aumenta de 101 mil 217 a 359 mil 594 pesos mensuales (167 veces más que el ingreso del 10% más pobre). Los hogares cuyo jefe de familia es un alto directivo de gobierno o de una empresa privada perciben, una vez hecho el ajuste, 131 mil 215 pesos mensuales, en lugar de 44 mil 192 pesos mensuales (cifra original de la ENIGH, sin ajuste).

Al analizar la desigualdad global con las cifras corregidas por subregistro de las encuestas que se han levantado en México desde 1950, la tendencia es clara: México es un país con una fuerte desigualdad, que aumenta año con año. El coeficiente de Gini[2] se incrementó de 0.50-0.53 en los años cincuenta al 0.58-0.60 en los años sesenta, y llegó al rango de 0.62-0.64 en los años ochenta. No obstante, continúa aumentando para ascender al rango 0.61-0.65 en los noventa y llega al registro récord de 0.62-0.65 en los primeros años del siglo XXI.

La desigualdad se amplía en México por el incremento en el ingreso del 30% más rico, que suma 8.7 millones de familias. Los ingresos de este grupo representaron, en 2010, 83% del total. El resto de la población no solo tiene cada vez una menor participación en la economía nacional; los pesos que gana le alcanzan para menos bienes y servicios cada año. En los últimos años, la población ha sufrido al menos tres efectos: (1) el empleo precario, (2) la pérdida del poder adquisitivo, y (3) la eliminación de los subsidios … “].

Más datos en: http://estepais.com/site/2012/la-distribucion-del-ingreso-en- mexico/#sthash.YU5az9qv.dpuf

Según datos de la última ENIGH 2012, el índice de desigualdad en el ingreso de los hogares era de 0.440, menor a lo observado anteriormente. Sin embargo los contrastes y desigualdades en los niveles de pobreza en el territorio nacional obligan a diferenciar por zonas geográficas.

Las entidades con mayor concentración de los ingresos y por tanto mayor desigualdad en la riqueza, corresponden a San Luis Potosí, Campeche, Tabasco, Querétaro, Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Zacatecas, con índices de Gini entre 0.470 y 0.500. Por otro lado, las entidades con menor desigualdad son Tlaxcala, Distrito Federal, Morelos, Colima, Coahuila, Quintana Roo, Baja California, Estado de México y Tamaulipas, con índices que varían entre 0.439 y 0.407.

De acuerdo con el CONEVAL, Chiapas, Guerrero y Oaxaca concentran la mayor proporción de población en situación de pobreza (más del 60%); en Zacatecas (54.2%) y San Luis Potosí (50.5%), al menos la mitad de la población tenía esa condición. En Tlaxcala a pesar de tener un menor índice de desigualdad que las anteriores, más de la mitad de su población es pobre (57.5%); seguida de Tabasco (49.6), Estado de México (45.2), Campeche (44.5), Morelos (45.3), Quintana Roo (38.3), Tamaulipas (38.3), Querétaro (36.8), Chihuahua (35.3) y Colima (34.3). En tanto que las entidades con los menores porcentajes en todo el país, son Baja California (30.2), Sonora (29.1), Coahuila (27.9) y el Distrito Federal (28.9) (CESOP).

Queda pendiente saber qué hay detrás de esa baja en el índice nacional de la desigualdad del ingreso que no se ve a simple vista. Los datos de pobreza señalan un país que lejos de mejorar, se sigue agravando, con casi la mitad de su población que no satisface sus necesidades básicas alimentarias y con alguna otra carencia social (el dato más conservador). En once de las 32 entidades al menos la mitad de su población es pobre y en otras siete, el porcentaje se encuentra entre 40 y 50 por ciento.

Un país dónde el decil más alto de la distribución del ingreso concentra un tercio de las percepciones de los hogares, el subsiguiente, 16% del ingreso, el que le sigue 11.8%, y a partir del séptimo hasta el primero, el porcentaje se vuelve decreciente y queda por debajo del 10% en cada uno. Realmente, ¿hay una redistribución del ingreso en beneficio de grandes sectores de la población, o solo es una falacia numérica?

Consultas:

http://estepais.com/site/2012/la-distribucion-del-ingreso-en-mexico/

Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP), Medición de la pobreza por entidad federativa 2012. En línea consultado: 19/junio/2015

[1] Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social

[2] Medida de desigualdad propuesta por el científico social Corrado Gini en 1912, que va de 0 a 1. A medida que el valor se aproxima a 0, la sociedad tiene igualdad en sus ingresos. Por el contrario, a medida que el índice se aproxima a 1, la distribución presenta una mayor concentración en el ingreso.